Columnas

Cambio de sentido

"La corrupción y todos los males que la rodean se siembran en el aula fría, lejana y distante de los valores y principios"

Una enseñanza orientada al resentimiento y a la confrontación de clases como en ocasiones se da entre nosotros, unida al exacerbante consumismo que solo reconoce el éxito económico como triunfo, resulta un escenario peligroso para modelar a las nuevas generaciones y produce un malhadado coctel, más aún si de entre los límites de la educación se ha ignorado la transmisión de principios morales y valores cívicos.

En efecto, cuando quien hace empresa es presentado como explotador y poseedor de toda la impresionante carga negativa de atributos, no podemos esperar que en el imaginario de un niño o adolescente se ponga como meta a alcanzar el volverse empresario.

Nadie en su sano juicio quiere caminar hacia el mal, y si por otro lado, siente la urgencia de conseguir dinero como sinónimo de triunfo, se han sembrado las condiciones perfectas para que la corrupción, la deshonestidad y el menosprecio a valores y principios aniden en la conciencia de aquel que triunfa al margen de atender lo axiológico.

Es decir, en muchos casos desde las aulas, al no atender la formación integral del individuo, lo estamos preparando para que se pierda en los caminos del éxito fácil y la fortuna mal habida, horizontes de quien vive su existencia satisfaciendo únicamente sus exacerbados apetitos. Por tanto, se vuelve importante luchar por un cambio de sentido hasta encontrarnos una vez más con un proceso formador que busque el crecimiento total de la persona.

Se ha visto que educar al margen de Dios y de la ley no nos ha dado resultado; se ha perdido el paso y cada vez más las generaciones se extravían entre los laberintos de la búsqueda del dinero fácil, la pandilla organizada, en fin, de aquello que finalmente termina siendo delito.

Reorientemos el currículo y la programación educativa para que el niño y el adolescente enfrenten desde temprana edad la responsabilidad de ser ciudadanos y buenas personas, y crezcan rectamente, formándose a cabalidad.

La corrupción y todos los males que la rodean se siembran en el aula fría, lejana y distante de los valores y principios.