Abelardo García Calderón | Responsabilidad y prioridades
Los tiempos cambian y obviamente, la responsabilidad no está en la primera línea de opciones
Hace ya algunas semanas, cuando diciembre se abría paso entre luces, árboles, cascabeles, panderetas, aromas y villancicos, en una de esas reuniones con colegas que solemos tener, en las que intercambiamos experiencias, anécdotas, travesuras de los chicos, preocupaciones etc., surgió una historieta que me pareció interesante de comentar. Así, uno de los directores ponía a consideración de los contertulios lo que una madre de familia habría expresado a su colectora.
En efecto, por aquellos días la colectora de esa institución llamó a una madre de familia que tenía un atraso de dos meses para recordarle y solicitarle ponerse al día en las pensiones. La respuesta curiosa de esta fue: “Ahorita no, ni siquiera me llame; en este momento tengo otras prioridades”. Al escuchar esto y luego, por supuesto, de sonreírnos y analizarlo, me llevé para mí unas reflexiones que hacen, de alguna manera, observar la evolución del padre de familia en la sociedad guayaquileña, así como los conceptos de responsabilidad que tienen frente a los compromisos que asumen.
Por aquellas décadas de los 60 hasta los 90, quizá hasta los 2000, los padres respondían puntualmente a sus compromisos. Los ingresos se dividían con absoluta claridad para los servicios que recibían en sus domicilios, como agua, luz, teléfono, alquiler de casa si era rentada, supervivencia, comestibles y educación, y luego sí, de lo que quedaba, se podía pensar en ocio, viajes y diversión.
En estos tiempos el padre de familia es diferente: esquiva responsabilidades frente a sus conveniencias y, como dijo la señora: “prioridades”. Como nadie se entera que se deben pensiones y, en cambio todos se enteran si están en el restaurante de moda o en los espectáculos que se brindan con frecuencia, no se duda al elegir.
Los tiempos cambian y obviamente, la responsabilidad no está en la primera línea de opciones. Lo penoso es que los hijos lo saben y aprenden, y es cuando las acciones borran las palabras.
Crecen sin darle valor a los compromisos y sin responder por lo que hacen.