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Abelardo García Calderón | Estimular no crea genios

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La esponja que es el cerebro del niño nunca se hace tan evidente como en este momento evolutivo

Hace ya algún tiempo, cuando conversábamos con una familia sobre las ventajas que sin duda aporta la estimulación temprana al sistematizar u organizar adecuadamente la generación de sinapsis, es decir, de conexiones neuronales, me decían de manera despreocupada que ellos no buscaban que sus hijos sean genios y que, por tanto, no le habían dado importancia a esa etapa formativa.

Creemos que es bueno aclarar que no solo en los tiempos de la estimulación temprana, sino a lo largo de todo el proceso formativo, la educación por sí misma no busca ni está en capacidad de desarrollar la genialidad de un individuo. Ello está más en manos de la naturaleza, la genética, el entorno cultural en el que cada niño crece y se desenvuelve. La educación, en cada momento, solo busca acondicionar adecuadamente el cerebro humano para enfrentar su evolución.

Sobre la genialidad, hay quien dice que es cuestión de Dios, de la circunstancias, de la persistencia y hasta de la casualidad. No es, por tanto, un objetivo del educar; si se da, viene por añadidura al despertarse en una inteligencia claramente trabajada, estimulada y respetada.

Por tanto, debemos abrirnos al capítulo de la estimulación temprana, como cuando nos enfrentamos al aprendizaje en la primera infancia, en la pubertad o en la adolescencia. En todo momento, la educación lo que busca es la organización del pensamiento y la clara estructuración de inteligencias crítica y creativa, es decir, estimular al cerebro humano para que esté alerta y tenga capacidad de reacción, entregando al individuo certezas, dominio y seguridad intelectual y corporal.

Resulta importante entonces, romper mitos y tabúes. Quienes somos enamorados de la estimulación temprana, sin duda encontramos en ella las raíces o los fundamentos absolutamente válidos y necesarios para el desarrollo de una inteligencia plena que busca llevar al ser humano a proceder y actuar de manera consciente, inteligente, veraz y cierta.

Quienes tengan la oportunidad, no duden en tomarla. La esponja que es el cerebro del niño nunca se hace tan evidente como en este momento evolutivo.