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Abelardo García Calderón | Atención a la imagen

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Cuidemos el equilibrio y propiciemos también imágenes de solaz, sin abusar del impacto visual

Ya pasó mucho tiempo desde que se dijo que una imagen vale más que mil palabras, y ciertamente es así. Al ilustrar se facilita la comprensión, clarifica la realidad y se permite a quienes no tienen la facilidad de saltar de las palabras a la estampa visual una mejor aprehensión de lo que leen. La imagen detalla, colorea y aproxima a la inteligencia que aprende con la realidad visual que se tiene enfrente.

Basado en esto se desarrolló entonces toda esa caravana que, a través de dibujos, mapas, acetatos, nos lleva hoy hasta las pizarras táctiles y proyectores que facilitan a educadores y estudiantes enfrentar con atención y comprensión el objeto de estudio.

Negar la importancia del audiovisual en el aula sería un error y un serio impedimento para llevar la vida del alumno a la clase.

Ya hace muchos años también, cuando aparecieron las discotecas, los altos volúmenes y, posteriormente, los audífonos personales que los adolescentes ponían al máximo, surgieron pronósticos serios, precisos y claros sobre el daño a la función auditiva que estas costumbres causaban; y no solo eso, sino que se vaticinó con certeza el aumento de casos de baja audición para quienes abusaban de esa costumbre.

Traemos esto a colación, porque, con los años lo profetizado se cumplió; y eso nos vuelca, preocupados, al derroche exagerado que en algunos casos se hace de lo visual. Imágenes que, por fracciones mínimas, se superponen, impactan y golpean al cerebro; destellos y flashes que arrojan impresionante información pueden afectar la claridad de la cognición y dañarla. El sobreestímulo de lo visual y forzar al cerebro a esos ritmos podría ser un ejercicio que no convenga.

El permanente sobresalto, la ansiedad extrema que hoy muestran niños y adolescentes, el buscar cada vez más y mayor excitación a través de la imagen, sosteniendo sucesivos estados de alerta, acaso expliquen el porqué de tantas complejidades en el actuar de los estudiantes.

Por ello, trabajemos con mesura, cuidemos el equilibrio y propiciemos también imágenes de solaz, sin abusar del impacto visual.