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Abelardo García Calderón | 30 años de un sueño

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Queríamos un jardín en el que el aprender jugando se palpase, se viviera y se sintiera

Pasadas algunas semanas desde ese mediodía en que mi mujer entró a mi oficina y me dijo: “¡Vas a ser papá otra vez!”, el golpe fue directo a la boca del estómago que supuso, a los 40 años, volver a comenzar con un bebé, y tras las reflexiones sobre la responsabilidad y la expectativa de vida, surgieron las ilusiones, los sueños, pero también las preocupaciones: ¿cómo formar?, ¿cómo educar a un pequeño de tantas generaciones más atrás?

Lo que sí era claro es que no debía educarse como las generaciones anteriores, ni tampoco en ninguna casita más o menos arreglada para que luzca como un jardín. El siglo XXI para el que se prepararía pedía mucho más. Y ahí surgió la otra complicación: en esa época estaba yo totalmente involucrado en el desarrollo pedagógico, tecnológico y didáctico del bachillerato claramente diferenciado que queríamos presentar. La vida nos jugaba una vez más una pasada y no tuvimos mejor respuesta que ponernos a trabajar en ambos frentes: la adolescencia y el parvulario.

Queríamos un jardín en el que el aprender jugando se palpase, se viviera y se sintiera. Nos pusimos manos a la obra, ayudados por Sonnia Rodríguez, experta parvularia, y por buenos amigos de España, Argentina y México. Fuimos adelantando el proyecto; obviamente, la infraestructura tenía que responder a los sueños y así comenzó el trabajo fuerte para diseñar la fantasía, la imaginación, para un mundo de aprendizaje en una ciudad mágica.

Otra vez, los amigos apoyaron: Patrick Bredthauer, con la Fundación Propueblo, nos dio soporte y avanzamos. Penosamente, como ocurre en las obras educativas, los sueños y la economía no corren paralelos, y eso hizo que nos tomara más tiempo de lo esperado, al punto que el hijo que motivó el proyecto solo lo disfrutó un año, cuando llegó a los cinco.

Aun así, el proyecto se concretó y hoy celebramos 30 años formando párvulos felices, educando niños que llevan consigo las semillas de los idiomas y las bases para enfrentar los desafíos de su formación.

Paidópolis cumple 30 años superando con creces las inspiraciones que la motivaron y forjaron.