Sáquele el jugo a la vida
Llegue puntual; ponga atención en lo que hace; trate bien a sus compañeros; que su obra esté siempre bien acabada
Sáquele todo el jugo a su vida, hasta que salga la última gota. El Señor le dio una fruta jugosa, apetitosa y no muy blanda, pero le dio la fuerza para apretarla y sacarle todo el líquido. Trate de pasar por la vida haciendo el bien. A su esposa, a sus hijos. Que vean a una persona que sonríe siempre; que respeta las opiniones de los demás; que perdona; que siempre tiene un tiempo extra para todo: para conversar, para jugar, para salir, para bromear… Sáquele el jugo a su familia. ¿Y cuando esté en su trabajo? Igual. Llegue puntual; ponga atención en lo que hace; trate bien a sus compañeros; que su obra esté siempre bien acabada, como el escultor cuando da la cincelada final. ¿Con los demás? Como si fueran sus hermanos –buenos hermanos, se entiende-; comprendiéndolos, escuchándolos; teniendo detalles con ellos; sin juzgarlos, porque solo el Señor juzga y premia o castiga. Sáquele el jugo a su espíritu. Rece. Su espíritu necesita acercarse a Dios. Su espíritu necesita llenarse de caridad, de gozo, de paz, de paciencia, de bondad, de fidelidad...
Sáquele el jugo a su vida. Que termine completamente exprimido, pero sabiendo que de esa fruta salió el más exquisito jugo, que alimentó a tantas y tantas personas que estaban sedientas, esperando por usted, por su generosidad.
Mario Monteverde Rodríguez