El reclamo de los dauleños a su Alcaldía debe ser escuchado

  Cartas de lectores

El reclamo de los dauleños a su Alcaldía debe ser escuchado

Los habitantes de las urbanizaciones satélites y sectores aledaños de la parroquia La Aurora, perteneciente al cantón Daule, tenemos todo el derecho a protestar para exigir de nuestras autoridades, en forma pacífica, que se revea y realice un estudio más amplio y deliberativo, a fin de establecer una nueva modalidad de financiamiento por la construcción del puente que une a La Aurora con Guayaquil; y no perjudicarnos solo a los propietarios de los sectores antes mencionados, siendo muchos sus beneficiarios, grabándonos con un impuesto anual oneroso, que en ciertos casos sobrepasa el 150 % del valor que veníamos pagando por concepto de impuestos prediales. Este impuesto lo consideramos desproporcionado y abusivo; va en detrimento de nuestras escuálidas economías y en ningún momento fue socializado con los propietarios-residentes de los sectores afectados, como manifiestan públicamente las autoridades municipales. Las comunidades afectadas por este impuesto lesivo tenemos todo el derecho a protestar e incluso salir a las calles en forma pacífica y disciplinada; consideramos que es la única forma, después de haber agotado el diálogo, de atraer la atención de quienes solo se preocupan por sus intereses partidistas y personales, olvidándose de la actual crisis generalizada que atraviesa el país y consecuentemente sus habitantes, ocasionada principalmente por los malos gobiernos que hemos tenido y por la pandemia de COVID-19. Resulta insoslayable la responsabilidad que tienen las autoridades del cantón de tomar muy en serio el justo reclamo de los habitantes de los sectores afectados por este gravoso impuesto. Ninguna autoridad, política, social, gremial o general que se precie de seria y solidaria puede declinar los requerimientos de diálogo de sus mandantes y la rectificación cuando es justa, como es el caso. No hacerlo es negar su naturaleza y demuestra su gran debilidad en detrimento del pueblo que confió en ellos.

Ec. Mario Vargas Ochoa