¿Cuánto más permitiremos que abusen de nuestra paciencia?
, ¿será que nunca se le dio asilo?
Al expresidente, prófugo y condenado a ocho años de cárcel, la justicia, según sentencia ejecutoriada, le dedicó una placa en el Palacio de Carondelet que dice que los recursos públicos siempre deben ser administrados honradamente. Pese a esta sanción, el expresidente tiene amplia e ilimitada libertad para declarar ante la prensa extranjera y nacional lo que le viene en gana; mediante el abusivo uso de redes sociales se expresa en términos ofensivos, calumniosos, contra el presidente, otras autoridades y candidatos de oposición. ¿Por qué goza de ese privilegio? Con esa sentencia, se supone, perdió sus derechos civiles. El sentenciado prófugo, a pocos días de elecciones de presidente y asambleístas hace declaraciones que afectan la salud y estabilidad democráticas, sin que ninguna autoridad ponga freno a esta irregular conducta; hasta campañas políticas realiza. ¿Existe autoridad competente que ejerza con rigurosidad su función para impedir que un sentenciado tenga facilidad para alterar la paz que necesita Ecuador y salir del atascadero en que ese mismo exgobernante lo dejó sumido? ¿Puede la prensa libre e independiente dar cabida a un prófugo? ¿Hasta dónde puede llegar la libertad de expresión? Respetuosamente se exhorta al canciller a gestionar ante las autoridades de Bélgica, pues se supone que el sentenciado exmandatario tiene asilo, lo que le impediría incursionar en política. O, ¿será que nunca se le dio asilo? ¿Qué se espera para reactivar los trámites para que Interpol lo ubique y repatríe para que cumpla su sentencia?
Víctor Terán