Nuestra infamante justicia

Es tal el cinismo de estos mercaderes de la justicia que se ríen en las audiencias en las que los suspenden 90 días

Los contados jueces honestos que deben existir en el país deberán sentir frustración cuando los ecuatorianos en la consulta decidan permitir la extradición para que otros magistrados ajenos den juzgando a nuestros delincuentes involucrados en el crimen organizado internacional. Felizmente, a los cirujanos no nos ha pasado eso y nadie se ha permitido preguntar al pueblo si queremos que nos den operando en el exterior. El prófugo que ‘haciendo fieros’ se marchó a Cuba a cambiarse la rodilla y no le sirvió, tuvo que volver al hospital Carlos Andrade Marín, donde ‘dimos componiendo’ a que pueda andar. Abogados pillos protegen a sus clientes pillos tapándoles la cara para que no los reconozcamos; una vez atrapados les preguntan si quieren ganar o perder el juicio. Es tal el cinismo de estos mercaderes de la justicia que se ríen en las audiencias en las que los suspenden 90 días que pasan volando. Ya no hay solución para nuestra deshonrosa justicia, a la que con buen sentido del sarcasmo los jueces Garzón español y Pasara peruano apodaron La Tremenda Corte. Ellos estudiaron “La Independencia Judicial en la Reforma a la Justicia ecuatoriana”, dieron su informe lapidario y como es lógico recibieron el insulto del pícaro que gobernaba el 28 de julio de 2012, pero que tuvo que ‘permitir’ la destitución de 57 jueces pillos que cometieron ‘error inexcusable’. Esa es nuestra ofensiva justicia en la que nadie confía porque entre otros pecados, anima a un ejército que está gastando fortunas propugnando el No.

Carlos Mosquera Benalcázar