Novelería e irresponsabilidad: hermanas siamesas
Cuando la novelería se termina en el interesado, la irresponsabilidad se apodera del individuo y esto es para siempre.
Los padres de familia tienen la obligación moral de explicar las cosas a sus hijos como corresponde, para evitar que comportamientos erróneos formen parte de su modo conductual.
Ayer vi a un padre con sus dos hijos acercarse al refugio. Ellos miraban a los gatos hasta que uno de los chicos dijo: “papá, este quiero, este hace chistes”. El progenitor respondió: “primero, tenemos que devolver los dos perros que ayer te regalaron”, a lo cual en coro dijeron: “sí, y ahorita mismo; esos perros no hacen gracias”.
Al escucharlos, le pedí dos favores al padre de familia: primero, que explicara a los niños que los gatos no son juguetes a los que les dan cuerda y se mueven, a efecto de que los niños no los lastimen cuando ellos no hagan los tan requeridos “chistes”. Y segundo, que cuando se cansen de ellos los traigan de regreso a su hábitat, para que no sufran en sitios desconocidos. Al oírme se retiró diciéndome: “adiós, usted se puso difícil”.
Si las personas entendieran cuánto sufren los animales cuando son abandonados y devueltos, después de ser adoptados, otro fuera el destino para ellos.
La Biblia en Romanos 13:10 nos dice: “El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor.” Cuando la novelería se termina en el interesado, la irresponsabilidad se apodera del individuo y esto es para siempre.
Marysol del Castillo