Es necesario que madure

  Cartas de lectores

Es necesario que madure

El expresidente Rafael Correa acaba de dar una muestra adicional de su falta de madurez, personal y política. Que haya dicho en una entrevista que si él hubiera estado en Ecuador, seguro ganaban las elecciones con Andrés Arauz, es más que un despropósito. Aún no asimila los resultados y su significado. Me sumo a quienes consideran que la derrota de Arauz se debió, además de su falta de experiencia y escasa visión política que lo llevaron a mentir en varias ocasiones (las vacunas de Argentina, la posesión de las casas de Lasso, por ejemplo), a la cercanía del expresidente. Si Correa hubiera estado en Ecuador, el voto rechazo hubiera sido mucho mayor; a Lasso le habría convenido que venga Correa a trabajar en la campaña de Arauz. El expresidente olvida que cuando vino a hacer campaña por el no en la consulta popular convocada por Moreno lo recibieron lanzándole huevos en algunos sitios; olvida que alabó el pacto Arauz-Vargas para luego despotricar contra Vargas, y que su intervención en la campaña de Barrera por la Alcaldía de Quito contribuyó a la caída electoral del candidato.

El signo más evidente de madurez es el equilibrio y la ubicación seria e imparcial en la realidad. Las palabras de Correa muestran una persona ensoberbecida, egomaníaca, convencida de que sus “cualidades” le significan un apoyo eterno y que es algo que se merece. Su falta de tino al escoger candidato es otro signo de inmadurez: según él se equivocó con Moreno y, ahora según el electorado, se equivocó con Arauz: un novato en política, con poca cancha, que a duras penas aglutinó poco más que el voto duro correísta (un 25 %). Arauz no supo o no pudo cambiar su residencia para votar por él mismo, su pasado burócrata de dos gobiernos, olvidó sus paso por ministerios solo para firmar contratos que le ordenaban, recibió una indemnización en medio de una pandemia en que escaseaban insumos médicos y en la que mucha gente perdió su trabajo.

Rafael Correa debe madurar, personal y políticamente.

Ing. José M. Jalil Haas