¿Y la justicia?

Estamos comprobando con indignación, tristeza e impotencia que más derechos le asisten al delincuente que a sus miles e inocentes víctimas.

Estamos viviendo momentos sumamente cruentos y difíciles, que nunca antes habíamos experimentado: crisis económica, intelectual y, lo que es más grave aún, crisis de valores. Como si esto fuera poco, hasta la misma naturaleza parece haberse ensañado con nuestro pequeño e indefenso país.

No contentos con la corrupción que nos asfixia por todos lados, el robo, el asalto, el homicidio, el crimen, el secuestro y el sicariato se han puesto en plena vigencia. No hay un solo día en que no escuchemos uno o más de estos aterradores crímenes que nos azotan sin piedad. Vivimos en constante zozobra; no tenemos seguridad ni en nuestra propia casa, menos aún en las calles, plazas y carreteras. En fin, la convivencia se está volviendo cada vez más insoportable.

La verdad, aunque duela decirlo, este otrora pacífico país, se ha convertido en tierra de nadie, sin justicia ni leyes que nos amparen. Estamos comprobando con indignación, tristeza e impotencia que más derechos le asisten al delincuente que a sus miles de indefensas e inocentes víctimas.

Es hora compatriotas de que el Ecuador resurja de entre las cenizas, como el ave Fénix, y volvamos a ser ese hermoso país cuyo futuro se avizoraba próspero, en beneficio de nuestra descendencia y a donde los turistas acudían con absoluta seguridad y marcada confianza.

Fabiola Carrera A.