Juego de poder en la justicia

La Judicatura está a expensas de la oposición fanatizada y su toma de decisiones se hoy un deber difícil de cumplir.

El embajador de EE. UU. ratificó lo que todos conocen: la justicia está sometida a dictados de poderes paralelos para convertirla en instrumento de servicio a conveniencias amorales e ilegales. Podría afirmarse que la división de la justicia se da en dos partes: distracción a la Judicatura e influencia de narcotraficantes. En lo primero, la Judicatura comenzó a caminar con más lentitud que nunca. Ante recursos de protección constitucional lo lógico era que los vocales en reunión plena acuerden una resolución prohibiendo y sancionando cuestiones de derecho reñidas con trucos legales para cometer más delitos y satisfacer a clientes ‘generosos’. Al mismo tiempo, debió dirigirse a la Corte Constitucional pidiendo su opinión vinculante al respecto. En lo segundo, la creación de intereses van desde el seno de la Asamblea hasta chantajes a los poderes del Estado. Esto puede controlarse en la medida con que lo haga el Ejecutivo. La Judicatura no cumple su deber y así se obliga a los abogados del pueblo y el Estado a tener un rol más directo. El problema subsiste porque Fiscalía depende de la Función Judicial y Procuraduría espera instrucciones del Ejecutivo. El presidente, a tono con el concepto de seguridad, está dominando a grupos pandilleros y se espera pase igual con los carteles de narcotraficantes. Esto puede dar mejores resultados si el gobierno de EE.UU. se compromete más con esta misión. La Judicatura está a expensas de la oposición fanatizada y su toma de decisiones se hoy un deber difícil de cumplir.

Francisco Bayancela González