El Cpccs huele mal

A la espera que se sirvan rectificar procedimientos, el Cpccs, ¡huele mal!

La mayoría está en contra de la minoría, y la minoría está en contra de la mayoría. ¿Sabe usted de qué institución se trata? Nada más ni nada menos que el pomposamente llamado Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (Cpccs), que en sus 14 años de vigencia ha traído más problemas que beneficios al país (a excepción de la era trujillista). El Cpccs vive hoy por obra y acción de los actuales miembros, una muerte lenta pero segura. Al parecer a esta institución le llegó anticipadamente el apocalipsis; nadie se entiende, está sufriendo prácticamente la confusión de las lenguas, y lo irrisorio es que cada cual se erige como un dechado de virtudes ciudadanas y con suficientes méritos para presidir un organismo que de lejos huele a podredumbre. La Constitución de Montecristi (art. 207 y sig.) dio origen a este ente burocrático por disposición y designio del vacacionista que reside en el reino de Bélgica, y que entonó desafinadamente la toccata y fuga antes de que el largo brazo de la justicia lo abrace para que cumpla sus vacaciones en el infierno terrenal que es la cárcel. Los deberes y atribuciones del Cpccs están previstos en la Constitución (art. 208), pero los actuales consejeros y consejeras se han atribuido la facultad de una incalificable burla al pueblo con su accionar cada vez más nefasto. A la espera que se sirvan rectificar procedimientos, el Cpccs, ¡huele mal!

Dr. Guillermo Pérez de Castro