Cartas de lectores: Setenta veces...
Pero más duele no tener cerca a todos nuestros seres queridos, a aquellos que ya partieron, y a los que están lejos por diferentes motivos
No, no me refiero al pasaje bíblico del perdón “setenta veces siete”. Esa es otra historia. En esta ocasión estoy hablando de las setenta veces que estoy por soplar las velitas. No tengo muy clara la primera vez que lo hice. Seguramente fue al cumplir un añito. Por ahí debe de haber alguna amarillenta foto de testigo. Tal vez ya botada a la basura cuando murieron mis padres. Mal destino de los objetos y recuerdos más preciados y atesorados por ellos. Pasa en todas las familias. Pero hoy las soplé. Acompañado de casi todos mis hijos, de la mayoría de mis nietos, consuegra, yerno, nueras, y de mi siempre amada compañera. Confieso que estuve fuerte casi todo el rato que pasamos juntos. No tambaleé. Porque uno se pone lloroso en estas circunstancias. Pensando en cómo poder detener el tiempo y quedarse para siempre con lo que más amamos: nuestra familia. Ya no soy jovencito; aunque he camuflado muchas de mis canas, mi rostro ya denota cansancio. Me duele más en “todas partes y al mismo tiempo”. Pero más duele no tener cerca a todos nuestros seres queridos, a aquellos que ya partieron, y a los que están lejos por diferentes motivos. Mas, llegado el momento, mientras cantaban el cumpleaños feliz, el torrente de emociones encontradas surgieron a borbotones, de adentro hacia afuera y viceversa. Sentí mi corazón en los oídos, mi respirar se aceleró. Y cuando estaba a punto de reventar... pensé en lo bendecido que estaba siendo en ese preciso momento. Rodeado de verdadero amor y cariño. ¿Qué más se le puede pedir a la vida?
Roberto Montalván Morla