Cartas de lectores: Matriculación vehicular
Esta anómala situación viene ocurriendo a diario, convirtiéndose en una pesadilla para los propietarios de vehículos
En Quito los propietarios de vehículos sufren un verdadero viacrucis para poder matricular sus autos, en especia cuando se trata de carros livianos. El paso más angustioso y estresante es el de la dichosa ‘revisión’, trámite que aparte de durar días y días, con la consiguiente pérdida de tiempo, aboca a los conductores a las minuciosas pericias que, según pienso, mucho dependen del genio con que se hayan levantado los evaluadores o calificadores, que no saben qué peros y defectos ponerles a los autos.
Mientras, curiosamente, en las afueras de estos sitios numerosos mecánicos, electricistas, enderezadores, vendedores de repuestos, etc. están a la espera de los sufridos conductores para acosarlos ofreciéndoles sus “servicios profesionales” que, en la mayoría de los casos, solo sirven como un paliativo a fin de que en la siguiente revisión estos descalificados autos logren pasar.
Esta anómala situación viene ocurriendo a diario, convirtiéndose en una pesadilla para los propietarios de vehículos. Pero lo más asombroso es que cuando transitamos por calles y carreteras observamos, con incredulidad, decenas de buses, camiones, trailers y más vehículos pesados echando humo como locomotoras y, como es obvio, contaminando el ambiente con gases tóxicos; cuando se supone que ellos, más que ninguno, deberían estar sujetos a revisiones periódicas mucho más estrictas. Una incógnita difícil de resolver.
Fabiola Carrera Alemán