Cartas de lectores: Susurros del cine ecuatoriano

Es una invitación a verla, pero también a apoyar el cine nacional y, de una vez por todas, a creérnosla

Hace unos días asistí al preestreno de Nosotros, mi papá y el perro, una película de Pablo Arturo Suárez, y como suele ocurrirme cuando una historia se queda rondando en mi cabeza, supe que pedía ser escrita.

Filmada en el 2020, y finalizando el rodaje pocos días antes de la pandemia, la película dialoga -sin subrayados- con los encierros emocionales, los silencios prolongados y las decisiones no tomadas que, muchas veces, terminan marcando el destino afectivo de una familia.

La historia se centra en la vida de un hombre en sus cuarenta, dividido entre lo que siente y lo que no expresa, y en cómo esa fractura interna impacta a quienes lo rodean.

En el centro del relato aparece un susurro poderoso: siempre hay alguien dentro de la familia que decide romper el patrón y hacerse responsable. Ese gesto, íntimo y muchas veces solitario, tiene la capacidad de transformar la vida de quienes están alrededor. Y el mensaje es claro: la familia puede ser la llave hacia la liberación, o nuestra peor condena al momento de querer trascender.

Una de las grandes virtudes del filme es su sencillez. No es una película aparatosa; su ritmo es pausado, preciso, lleno de silencios que permiten al espectador respirar y convivir con los personajes. En ese espacio íntimo se construye una comedia oscura o ‘dark comedy’ poco habitual en nuestro medio, con un humor fino, inteligente, alejado de la risa fácil.

Las actuaciones son sólidas, reales y profundamente honestas. Alejandro Fajardo nos regala una interpretación brillante, acompañado con la solidez actoral de Montserrat Astudillo, Stefano Bajak, Carolina Flor, entre otros grandes.

Cabe recalcar que más allá de los nombres, tanto la dirección, como el conjunto actoral confirman un trabajo cuidado, coherente y digno de admiración.

Nosotros, mi papá y el perro es una confirmación del talento que existe en nuestro país, un talento que muchas veces no terminamos de creer, pero que está ahí, listo para ser visto y valorado. Desde el 5 de febrero, la película está en las carteleras de cine. Es una invitación a verla, pero también a apoyar el cine nacional y, de una vez por todas, a creérnosla.

Frances Swett