Cartas de lectores: Quien quiere ver, que lo vea
Es mejor tener paz que tener la razón
En una noche oscura añoramos la luz; en el tormento de la sed deseamos el agua; en el espacio inconmensurable exigimos la brújula; en la enfermedad apreciamos la vida; en la soledad soñamos con el amor. Esta es la dialéctica permanente de nuestra existencia cuando peregrina por la historia buscando felicidad. Cada cierto tiempo la historia entra en un punto de quiebre, se debilita y se obstruye. El socialismo construido con ilusión ideológica y fanatismo se desmorona. La izquierda totalitaria no libera, deshumaniza. La captura de un jefe usurpador, que exilió y asesinó a su propio pueblo sin remordimiento, y que financió campañas presidenciales con dinero del narcotráfico, representa el derrumbe de un proyecto maligno y oscuro que durante décadas envenenó a jóvenes y destruyó familias.
Mientras el mundo permanece distraído en asuntos sin verdadero valor, vale detenerse y mirar. El egoísmo inspira una actitud ambiciosa; la ambición nos polariza, nos enceguece ante las necesidades ajenas. El tiempo de Dios es perfecto y nunca llega tarde; no ignora el dolor: quien cava una fosa, en ella caerá. Así actúa la justicia divina. Recordar, sobre todo a los jóvenes, presa fácil del narcotráfico: “No hay éxito sin disciplina y trabajo honrado”.
La existencia de guerras por poder político y económico nos obliga a reflexionar: ¿cómo es posible tanta crueldad y la indiferencia ante el mal? Esta meditación nos lleva a concluir que hace falta una renovación radical de las mentes y de los corazones. Es mejor tener paz que tener la razón.
Sara María Garaicoa Granizo