Cartas de lectores | Ordenar también es elegir hacia dónde ir
Ordenar la vida empieza por tener claridad
Muchas veces creemos que ordenar tiene que ver solo con cajones o estanterías. Pero en realidad, ordenar es mucho más profundo: es una forma de elegir. Elegimos qué dejamos entrar en nuestra vida y qué ya no nos acompaña, en qué ponemos nuestra energía, nuestro tiempo y nuestra atención, qué sueños siguen vigentes y cuáles ya cumplieron su ciclo.
Hace unos días participé en un encuentro de Mujeres de Impacto, donde trabajamos el ‘vision board’ o mapa de los sueños. No fue solo recortar imágenes bonitas; fue un ejercicio de claridad. Reflexionamos sobre distintas áreas: lo personal, familiar, espiritual, financiero, salud y nutrición, disfrute, viajes, descanso y relaciones. Ahí descubrimos algo importante: no todo lo que deseamos cabe al mismo tiempo. No todo lo que acumulamos nos hace bien. Este ejercicio no es para guardarlo en un cajón, sino para colocarlo en un lugar visible, como un recordatorio amable de hacia dónde queremos ir. Verlo a diario nos ayuda a mantener el foco y conectar con lo verdaderamente importante. Al menos una vez por semana, vale la pena preguntarnos: ¿qué pequeño paso puedo dar esta semana hacia uno de estos objetivos? También es útil ponerle tiempo a los sueños: pensar cuáles pueden lograrse en tres meses, seis, o un año, transformando deseos en acciones posibles, sin presión.
Así como en un hogar es necesario soltar lo que no se usa, en la vida necesitamos hacer espacio para lo que de verdad queremos vivir y lo que nos suma bienestar, paz y sentido. Ordenar la vida no es correr detrás de más cosas, sino aprender a elegir mejor, con intención y desde lo que somos hoy, no desde lo que otros esperan.
Con claridad, las decisiones se vuelven más simples: sabemos a qué decir que sí y a qué decir no, caminando con menos ruido interno y más coherencia. El orden deja de ser obligación y se convierte en una herramienta poderosa para vivir con calma y dirección. Ordenar la vida empieza por tener claridad.
Teresita Sandoval