Cartas de lectores | Necesitamos verdadera participación democrática
Si cambiásemos a esos líderes arrogantes por otros más cercanos y empáticos, podríamos proteger el sistema democrático.
Un estudio de cuatro académicos israelíes muestra que el apoyo a líderes que rompen reglas no refleja un rechazo a la democracia, sino que se explica por la “polarización afectiva”: si un líder que admiramos combate a las élites que detestamos, nos importa poco que ignore algunas normas.
Esto sugiere que la frustración de los votantes no es con la democracia como sistema, sino con las personas que la gestionan. Si cambiásemos a esos líderes arrogantes por otros más cercanos y empáticos, podríamos proteger el sistema democrático.
La democracia a veces pierde apoyo por sus éxitos: cuando se convirtió en el sistema de las clases dirigentes, poblado por burócratas distantes y jerga incomprensible, dejó de sentirse como una causa inspiradora. Por eso, la solución no es más democracia, sino una más participativa y conectada con la gente, que responda a sus demandas y sea realmente accesible para todos.
Pablo Pesantez