Cartas de lectores | Los extremos se tocan

Sin duda, esto puede ser muy positivo, al intentar evitar el dolor ajeno, pero ‘la corrupción de lo mejor es lo peor’

Al huir el derrocado dictador sirio Al-Assad tras el colapso de su régimen ante una ofensiva rebelde relámpago que tomó Damasco, algunos, como Le Monde, se extrañaron de que un buen dentista formado en Londres pudiera, al morir su hermano mayor y heredar el poder en Siria, convertirse en un tan sádico déspota. En realidad, ‘los extremos se tocan’ y está demostrado que, pese a su profesión sedentaria, lejana a contagios y bien pagada, los dentistas mueren algo antes que los demás médicos. Una encuesta realizada en la Universidad Central de Buenos Aires entre centenares de estudiantes de odontología y los de otras facultades, mostró una distinta sensibilidad de los primeros ante el dolor. Sin duda, en principio, esto puede ser muy positivo, al intentar evitar el dolor ajeno, pero ‘la corrupción de lo mejor es lo peor’. Mi larga vida me ha hecho constatar en carne propia ambos extremos también en los cirujanos: desde lo mejor en mi reciente operación de corazón, hasta el sadismo de dos cirujanos, en Barcelona y años después en Madrid, al operar mi sinusitis.

Martín Sagrera