Cartas de lectores: Laboratorio de la vida
El mensaje llega cuando el otro está listo para aprender
A la adversidad algunos le llaman mala suerte, destino o fatalismo. Pero si vemos la vida como un laboratorio descubriremos que solo hacemos experimentos. Les describo ejemplos sencillos y reales.
Las relaciones actuales son frágiles, superficiales, desechables y menos comprometidas; por lo tanto, son fugaces y se disuelven ante el mínimo conflicto. En lugar de compromisos a largo plazo, muchas personas buscan vínculos que brinden satisfacción inmediata y no demanden inversión emocional. Hoy todo es más fácil en la vida virtual, pero hemos perdido el arte de las relaciones sociales y la amistad. Hemos olvidado el amor, los sentimientos y el trabajo bien hecho. Lo que se consume y se compra son solo sedantes morales que tranquilizan los escrúpulos éticos. Actualmente existe inestabilidad laboral que genera ansiedad; las personas deben reinventarse continuamente para mantenerse competitivas en un mercado que ya no garantiza seguridad a largo plazo. Se experimenta una multiplicidad de roles y facetas que se adoptan y descartan según las circunstancias.
Lo que antes era un proyecto para toda la vida, hoy es un atributo del momento. Una vez diseñado el futuro, necesita montarse y desmontarse continuamente. El ser humano no acepta un molde preexistente; crea el propio y está dispuesto a cambiarlo muchas veces.
En el laboratorio de la vida, los resultados desagradables son benéficos: no hay fracasos, solo experiencias. En la experiencia de cualquiera hay cosas agradables y otras no tanto. El laboratorio de la vida enseña que el fracaso no existe; solo existen resultados, y todas las experiencias contienen una enseñanza.
Nunca digas que estás en un callejón sin salida; en lugar de pensarlo, centra tu atención y energía en cómo resolver el problema. Piensa diferente, actúa diferente, haz cosas diferentes. Busca nuevas amistades y aprende nuevas disciplinas. Recuerda: el individuo es el único agente y autor de su destino, pero también el único responsable de sus éxitos y fracasos.
El mensaje llega cuando el otro está listo para aprender.
Sara María Garaicoa Granizo