Editorial: Crisis sanitaria persistente

Hospitales desbordados, desabastecimiento crónico y falta de liderazgo en el Ministerio de Salud profundizan una emergencia

La crisis sanitaria está lejos de solucionarse: los paños tibios no bastan para superar la problemática. Las enfermedades tropicales, que recrudecen con cada temporada lluviosa, colman hospitales desabastecidos de medicamentos e insumos básicos. No se trata de un fenómeno inesperado, sino de una realidad cíclica frente a la cual el Estado vuelve a mostrarse imprevisor e ineficaz. Ni siquiera los hospitales de la seguridad social, que atienden a miembros activos y jubilados de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, logran garantizar atención oportuna.

Resulta inadmisible que el Ministerio de Salud permanezca acéfalo o sumido en inestabilidad permanente. El mensaje que se envía es que la conducción de una cartera tan sensible se trata como un asunto menor. Los esfuerzos aislados desde la Vicepresidencia no compensan la ausencia de una política pública coherente y transparente. Las quejas de los pacientes se acumulan sin respuesta, mientras la rotación constante de ministros profundiza la desorganización y abre grietas para la negligencia y la corrupción.

El deterioro de la infraestructura hospitalaria avanza a la vista de todos, y la inseguridad convierte a médicos y administrativos en blanco de amenazas. La salud pública no puede seguir siendo rehén de la improvisación: lo que está en juego es la vida y la dignidad de los ecuatorianos.