Cartas de lectores | La ética profesional

Un profesional que actúa sin la ética correspondiente, denigra su profesión

Cuando las universidades proporcionan una formación profesional sólida es muy difícil que los profesionales así formados puedan caer en tentaciones que afecten su prestigio profesional, su honradez y su decencia.

Últimamente hemos visto, con inusitada frecuencia, la aparición de actos reñidos con el profesionalismo, perpetrados, aparentemente, por profesionales de distintas especialidades, pero más, lamentablemente, por abogados. Es decepcionante constatar cómo a algunos (no a todos por fortuna), no les importa siquiera que se cuestione, no solo sus conocimientos, pero sus coherencias, la consistencia de sus declaraciones en diferentes tiempos, y el manejo antojadizo de las leyes. Se pone en evidencia que algunos abogados no saben relacionar las leyes con la justicia, algo que debería ser la esencia de esa profesión, por ejemplo, cuando luchan por liberar criminales y delincuentes comprobados, en lugar de practicar la lucha honesta de un profesional en leyes, para que las sanciones se ajusten a las penas que por los delitos cometidos, en justicia, sean las aplicables. Retorcer las leyes para poder lograr libertades que no son justas es faltar a la ética de su profesión. Pero hay también algunos médicos que se embarcan en actividades (clínicas, rehabilitaciones, cirugías, etc.) que conscientemente no dominan, con el solo afán de ganar dinero, sin importarles los efectos que sus acciones tengan en los pacientes. Y los ingenieros no andan muy atrás, por ejemplo lo vivido en los casos Progen y ATM con los generadores, que sin importarles un comino lo que sucede con el pueblo ecuatoriano, no dudaron en aprobar, y en algunos casos, firmar contratos que, pese a las inspecciones, resultaron en generadores usados, remanufacturados (cuando los contratos decían que debían ser nuevos y sin uso, como establece la ley ecuatoriana) o no completamente nuevos. Lamentablemente, tenemos una legislación hecha por delincuentes para delincuentes, que abren resquicios por donde se escapan del castigo los culpables.

He sostenido que un castigo aceptable sería que las universidades que les otorgaron los títulos se los retiren, de modo que ya no sea posible que vuelvan a delinquir. Un profesional que actúa sin la ética correspondiente, denigra su profesión, y el castigo debe venir de quien le otorgó el título.

 José M. Jalil Haas