Cartas de lectores | La cena de la angustia
En esta Semana Mayor o Semana Santa recordamos la última cena que Jesús tuvo con sus discípulos
No fue una reunión con la alegría que caracteriza cuando se realiza con familia, amistades o compañeros de estudio o trabajo, donde se comparten momentos y anécdotas que causan risa o tristeza. En esta Semana Mayor o Semana Santa recordamos la última cena que Jesús tuvo con sus discípulos, antes de su arresto y crucifixión. Después de recorrer Judea proclamando las buenas nuevas de salvación y sanando a muchas personas, al acercarse la Pascua pidió a sus discípulos ir donde un amigo y decirle: “El Maestro dice: sé que pronto moriré; quiero celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos”. Llegada la noche, en un ambiente íntimo, Jesús compartió la mesa con sus discípulos, sus amigos. Podemos imaginar la mesa con pan y vino, mientras conversaban sobre los acontecimientos vividos en sus caminatas, donde multitudes escuchaban el evangelio. Pero esa noche notaron que Jesús estaba triste. Sabía lo que sucedería, y mientras comían dijo: “Uno de ustedes me va a entregar”. Al escuchar esto, las miradas fueron evidentes. Se preguntaban quién sería e incluso dijeron: “¿No seré yo, Señor?” Jesús, prudente, no causó división, aunque era verdad: uno ya lo había vendido por 30 piezas de plata. Entonces dijo: “El que ha mojado su pan en el mismo plato que yo, ese me va a traicionar”. Fue una cena que recuerda que Jesús fue golpeado, escupido, azotado, coronado con espinas y llevado al calvario, donde fue crucificado, derramando su sangre por la humanidad. ¿Cómo correspondemos a ese sacrificio? Olvidando cada día su amor por nosotros.
William Cruz López