Cartas de lectores: La caída abrupta y esperada de un narcocriminal
La lucha incansable de una mujer le valió un Premio Nobel de la Paz a María Corina Machado
Casi todos los pueblos democráticos del mundo esperaban la captura de uno de los más temibles y sanguinarios dictadores de América Latina. Venezuela fue otrora un país boyante en su economía gracias a su petróleo y minerales, con las mayores reservas de petróleo pesado del planeta. Era un emporio de riqueza en nuestra Sudamérica, orgullo de nuestra naturaleza por todo lo que Dios le dio. Una felicidad para Venezuela y para todos los países vecinos, que también supieron aprovechar esa riqueza. Ese ‘boom’ petrolero abrió las puertas a todos, en especial a Ecuador, Colombia y Brasil, cuyos ciudadanos emigraron a ese país que nos abrió sus puertas para trabajar en un americanismo chiquito.
Dicen que la felicidad del pobre no dura sino que es solo un soplo de fe y optimismo. Entonces apareció como una sombra negra a oscurecer la vida de millones de personas un siniestro coronel del ejército venezolano: Hugo Chávez Frías. Hace 26 años se apoderó de un país pujante y lo convirtió en su hacienda, como dueño y señor de la riqueza petrolífera y aurífera que emanaba de su sagrado suelo, para enriquecerse él y su pandilla de secuaces. Pero nada está dicho en esta vida; la muerte lo sorprendió en su apogeo. Y como el destino estaba escrito para ese pueblo, cayó en manos de un tirano, su segundo de a bordo: Nicolás Maduro Moros, un hombre sin dios ni ley, cargado por su avaricia y poder, quien se convirtió en jefe de la mafia narcoterrorista, junto a Diosdado Cabello, Padrino López, Delcy Rodríguez y la cúpula de delincuentes que formaba su guardia pretoriana; aquellos militares que deshonraron a las sagradas fuerzas armadas de Venezuela y de todos los países democráticos que protegen la constitución y las leyes.
La captura de este sanguinario dictadorzuelo llegó junto con la de su esposa; las risas y los bailes se apagaron ante la fuerza de un país poderoso como es EE.UU. Ahora tendrá que bailar con la más fea: la cárcel, por muchísimos años. Pagará con su condena el mal que hizo a su pueblo.
La lucha incansable de una mujer le valió un Premio Nobel de la Paz a María Corina Machado, la Juana de Arco del siglo XXI. No entiendo por qué la vicepresidenta Delcy Rodríguez se quedó en el poder, aduciendo que se será hasta una transición, junto con Diosdado Cabello, Padrino López y otros, cuando ellos también debieron ser juzgados por cómplices del narcocriminal Nicolás Maduro.
Luis Mario Contreras Morales