Cartas de lectores | Guayaquil , mi Venecia
Un alcalde debe ser un servidor público con visión, no solo salir en televisión, sino ser íntegro y diáfano
Con la temporada de lluvias y tormentas mi ciudad sé convirtió en una ‘Venecia’. Lo bonito de la lluvia en las calles solitarias es la metamorfosis del asfalto en un espejo. Hay que recordarle a los burgomaestres que es mejor destapar, drenar alcantarillas en verano, y así evitar una ciudad convertida en Venecia, para dejar de ser necia en convivir cada año con aguaceros y calles inundadas.
La lluvia limpia el alma y refresca la mente a toda esa gente que no tiene mente, y que no busca hacer progresar a una ciudad en tiempos de inundaciones. La lluvia es música, aunque hay aquellos que no saben escuchar la melodía ni de noche ni de día.
Un alcalde debe ser un servidor público con visión, no solo salir en televisión, sino ser íntegro y diáfano para sus conciudadanos. Su objetivo es el bienestar, vocación, acción, eficiencia y responsabilidad. El trabajo nunca empieza porque no le interesa la limpieza. Vamos juntos hacia el Guayas y nos bañaremos en las calles, como en Venecia. Luego hay que ir a la iglesia a pedir que pare la lluvia.
Javier Valarezo Serrano