Cartas de lectores | Guayaquil: el retorno a lo excepcional

El verdadero rescate del centro pasa por la densificación inteligente: edificios de altura con comercio

Guayaquil ha crecido bajo una lógica de urgencias, acumulando ‘parches’ en un pantalón que ya no resiste más remiendos. La regeneración urbana fue un esfuerzo estético necesario, pero hoy rescatar el tramo desde la Avenida Quito hasta el Malecón exige menos improvisación y más planificación técnica, devolviendo el orden a una urbe que parece haber perdido su brújula y, con ella, el orgullo ciudadano.

Es incomprensible que espacios emblemáticos, como la plaza Vicente Rocafuerte, carezcan de equipamiento básico como tachos de basura. El centro se inunda de desechos por una logística municipal que descuidó el mantenimiento cotidiano. Resulta imperativo repensar la gestión desde una reorganización administrativa por distritos, donde la eficiencia se mida con rigor e incentive la excelencia para que el vecino vuelva a sentir dignidad por su barrio.

Pero el orden es solo el cimiento. El verdadero rescate del centro pasa por la densificación inteligente: edificios de altura con comercio y servicios integrados. Este modelo de ‘ciudades de cercanía’ no solo dinamiza la economía, sino que responde a la inseguridad. Más allá de cámaras, la prevención nace de los ‘ojos en la calle’; donde hay movimiento y vida barrial, el riesgo disminuye. Para ello es clave atraer inversión extranjera directa mediante una ventanilla única que impulse la rehabilitación del inventario inmobiliario.

Esta visión debe ser territorial. El orgullo debe renacer desde barrios fundacionales como el Centenario, el Astillero, la Febres-Cordero y Letamendi, como modelo para los nuevos distritos. Una descentralización real llevaría la nómina municipal a sedes distritales en el norte y sur, manteniendo la línea arquitectónica del Cabildo central y la dignidad institucional. Carteles de hierro con señalética clásica reforzarían la identidad, mientras guayacanes y robles sustituyen palmeras para devolver sombra al peatón.

Finalmente, la cultura no puede ser un evento aislado, sino el alma de plazas y parques. Las escuelas de arte deben tomarse las calles en fechas cívicas y convertir el espacio público en teatros vivos. Rescatar hitos como el Arco Italiano o conmemorar el 22 de Noviembre en el río Guayas ayudará a sanar nuestra identidad. Guayaquil necesita una administración de detalles que nos permita dejar de parchar y empezar a planificar lo excepcional, bajo la sombra de un guayacán.

Eddie López