Cartas de lectores: Entre gritones y callados
Los malos funcionarios de la ANT y de la AMT no dicen ni pío tras el cierre de sus oficinas
En el mundo de hoy, en el que las doncellas ya no lloran, sino que facturan, son los pobres donceles los que no tienen más que llorar, a voz en cuello, por el dolor de ver cómo la putrefacción y la avaricia están carcomiendo a nuestra sociedad.
Vocifera una excandidata con palabras de grueso calibre en las que menta a la madre de los ejecutores de ciertas órdenes judiciales.
Un expresidente también lanza, cada vez que puede, toda clase de improperios y denuestos contra todo aquel que no piense como él o que no haga lo que él quiere.
Una presidente de un partido político mandaba a comer guano a los que tienen cierta solvencia económica.
Los indígenas, que en otros tiempos lanzaban aullidos vocingleros en contra de la minería legal, ahora permanecen apacibles y enmudecidos cuando de enfrentar a la minería ilegal se trata.
Los malos funcionarios de la ANT y de la AMT no dicen ni pío tras el cierre de sus oficinas durante un interminable mes, hasta que se pueda desinfectar toda la podredumbre que ahí se cobijaba.
Así avanza el mundo, entre gritos y silencios, entre parlanchines y susurrantes, entre escandalosos y discretos. Hay quienes aseguran que el mal crece cuando los buenos callan, pero también crece el mal cuando aturden sin piedad con sus escandalosos chillidos que destrozan los corazones y los tímpanos del prójimo.
Gustavo Vela Ycaza