Cartas de lectores: Entre borregos y focas

Si no funcionan es, obviamente, culpa de ustedes, los borregos, que todavía andan sueltos por el sistema judicial

Parece que Esopo ha decidido mudarse al Ecuador. Sus fábulas ya no transcurren en bosques lejanos ni en granjas imaginarias, sino en nuestro país, donde la fauna política ha evolucionado -o más bien involucionado- en dos especies dominantes: borregos y focas.

Con la ayuda de la Inteligencia Artificial, las redes sociales y un ejército de troles de alquiler, Esopo ha observado cómo esta curiosa zoología nacional prospera en medio de la polarización que tanto entusiasma a quienes sueñan con ponerse una gorra roja para peregrinar a Mar-a-Lago o a Bruselas llevando latas de atún.

Un día, un borrego se encontró con una foca.

-¿Por qué aplaudes tanto? -preguntó el borrego-. No hay nuevas obras públicas, la inseguridad crece, faltan medicinas y los empleos siguen siendo una especie en peligro de extinción.

La foca, sin dejar de aplaudir con entusiasmo casi profesional, respondió:

-Porque tú me enseñaste. Me enseñaste a aplaudir al líder, a creer en todo lo que dice -y a olvidar convenientemente lo que no hace-. ¿O ya no recuerdas la Refinería del Pacífico, Yachay o “los negocios entre privados”?

El borrego, fiel a su entrenamiento, baló su argumento favorito:

-Pero nuestro líder nos dio dignidad, soberanía… e hizo obras.

La foca, feliz, redobló los aplausos:

-El nuestro ha declarado la guerra a los delincuentes varias veces, ha decretado estados de excepción y toques de queda en serie. Si no funcionan es, obviamente, culpa de ustedes, los borregos, que todavía andan sueltos por el sistema judicial.

Y así continúa el diálogo: una sinfonía de balidos nostálgicos y aplausos frenéticos. Un espectáculo algo cansino para quienes todavía aspiran a algo más que elegir entre dos formas distintas de obediencia.

Esta vez Esopo no dejó moraleja. Solo envió un mensaje urgente a Noé:

“Si vuelve a haber un diluvio y decides construir otra arca, haznos un favor: no dejes subir ni a los borregos ni a las focas”.

Francisco E. Fernández