Cartas de lectores | El No: espaldarazo a la Corte Constitucional
Lo que nos enseñó toda esa antipatía es que en nuestra sociedad aún quedan rezagos históricos
La Constitución 2008 - Dejemos el pasado atrás (carátula oficial), es justamente una visión a futuro, respaldada ampliamente por el pueblo ecuatoriano, tanto directamente como en las urnas, por ende, enemistada por quienes aún viven privilegios del pasado.
Indudablemente, hay muchos valores que rescatar del pasado, pero en un tren al futuro que fortalezca los avances democráticos logrados, actitud que es comprensiva en humanidad generacional; y hasta hay políticas revolucionarias de tomar ‘dos pasos para atrás para lograr uno adelante’.
En este vaivén dialéctico debe haber posturas de contradicción firmes, ideológicas, dignas de recordar anales históricos. Veamos nomás cuánto costó aniquilar monarquías con sus cortes corruptas del rancio feudalismo europeo, también incrustado en el Ecuador colonial, que unos incorregibles aún añoran, a sablazos.
En lugar de posturas firmes, solo hemos escuchado en los últimos meses una sarta de antipatías sueltas sin rigor, pusilánimes, y abiertamente infundadas, como el de echar la culpa de la violencia a la Constitución. ¿Acaso en países que mantienen constituciones ‘estáticas’ no prevalece la inseguridad?
Lo que nos enseñó toda esa antipatía es que en nuestra sociedad aún quedan rezagos históricos, con vocinglería posguerrista del siglo pasado, de nidos ultratumba como el anticastrismo en Miami. Regresos actualmente impulsados por presidencialismos grandilocuentes que intentan girar la rueda de la historia hacia atrás con el corporativismo neocolonial. Pues, para defender los avances de internación de derechos humanos y derechos de la naturaleza, la Constitución 2008 dispone garantizar supremacía constitucional con la intervención de la Corte Constitucional, Corte que en recientes años ha recibido ataques políticos de quienes quieren afectar a los derechos humanos y de la naturaleza a favor del corporativismo neocolonial.
Un sector muy representativo de la agresión corporativista, que no entiende fronteras nacionales, es la megaminería, altamente dañina a los derechos humanos y de la naturaleza, en la cual cabezas políticas mantienen intereses personales.
Federico P. Koelle D.