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Carlos Andrés Vera | Ahora o nunca

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El sistema de salud sí puede ordenarse con reglas claras, control efectivo y un plazo: un año

Nos acercamos a fin de año exhaustos de malas noticias: violencia -con récord de muertes violentas-, corrupción -un gobierno que ya acumula escándalos serios- y un discurso político que se desgasta rápidamente si no se concretan hitos reales desde la gestión. Esos hitos no pueden ser fáciles ni cosméticos: deben ser complejos, profundos y, sobre todo, viables. Sanear el sistema de salud pública es, probablemente, el más relevante por su impacto social y su factibilidad. No es una tarea sencilla ni inmediata, pero sí alcanzable en el plazo de un año si existe decisión, método y autoridad.

La Red Pública Integral de Salud es enorme. Solo el Ministerio de Salud Pública registra más de 10 millones de citas y alrededor de 22 millones de atenciones anuales. Sin embargo, los hospitales verdaderamente neurálgicos que deben transformarse son pocos. Se trata de centros de alta complejidad que concentran recursos, decisiones críticas y poder real dentro del sistema: el Teodoro Maldonado Carbo y Los Ceibos, en Guayaquil; el Carlos Andrade Marín, en Quito; y el Vicente Corral Moscoso, en Cuenca. Si estos hospitales se sanean, el sistema de salud recupera credibilidad y propósito.

A diferencia de otros desafíos como el combate a la minería ilegal o el narcotráfico -imposibles de erradicar en el corto plazo-, el sistema de salud sí puede ordenarse con reglas claras, control efectivo y un plazo: un año. Ello exige medidas complejas, pero ejecutables. Sabemos que las mafias enquistadas en el sistema no están conformadas solo por los nombres ya conocidos que hoy enfrentan procesos judiciales o están en prisión. Detrás operan familias y personajes instalados en algunos de los barrios más ricos de Quito y Guayaquil. Enfrentarlos exige una actitud implacable. El presidente ya ha demostrado, en frentes como la minería ilegal, que entiende esa lógica. Aquí radica mi sugerencia -y mi esperanza-: no puede haber otra actitud que no sea la implacabilidad frente a quienes reaccionarán con toda su capacidad de presión y de daño.

La salud es el bien más preciado que tenemos como seres humanos, junto a la vida de quienes amamos. Sanear el sistema es hoy una ruta real y contundente para recuperar algo esencial: esperanza. El 2026, contrario al 2025, debe cerrar con esperanza.

Es ya. Es ahora o nunca.