Abelardo García Calderón | Respetemos la infancia
La sexualidad, más que ideología, es biología
Desde el origen, el Señor nos creó sexuados: hombre y mujer nos creó; macho y hembra, bajo el mandato de “creced y multiplicaos”. Así se desenvolvió la humanidad a lo largo de épocas y civilizaciones. Es verdad que en ciertos tiempos hubo laxitud y que, en casi todos, la existencia de preferencias sexuales se hizo presente, pero siempre como una excepción minoritaria, como una existencia paralela, no regular ni normalizada.
Que cada quien sea libre de hacer de su capa un sayo es real, por ese libre albedrío que se nos regaló. Puede optar por decisiones distintas y hacer público y notorio su escoger, llevándolo incluso hasta el ridículo si así lo quiere, pero hay que afirmar que no es ni la mayoría, ni lo natural, ni lo normal y que es una decisión de madurez. Hombres y mujeres somos distintos por morfología, anatomía, psicología, accionares, etc. Por eso la atracción, por eso los sentimientos y el complemento.
Que personas con inclinaciones diferentes merezcan respeto y una prudente acogida es claro, pero así como tienen esos derechos, también los demás -los que vamos por la vida dentro de una relativa normalidad- igual los tenemos, y debemos ser respetados en nuestra forma de ser, haceres y creencias.
Por lo dicho, en estos tiempos, sembrar ideologías de género en niños y adolescentes, normalizar circunstancias particulares y presentarlas como plausibles, no se justifica ni es sano, porque se vuelven tácticas de manipulación, tratando de volver común lo excepcional. La sexualidad, más que ideología, es biología.
Aplaudimos la declaración de la ministra de Educación, con la que imaginamos se pone fin a la cuestión: “la identidad de género no debe formar parte de los contenidos escolares”.
Los que crecimos en otros tiempos y nos enamoramos desde la pubertad quizá no dimensionamos la vulnerabilidad del niño y adolescente de hoy, cuyas definiciones a veces tardan y se dilatan por esa provocada inmadurez con la que crecen.
Eduquemos en la sexualidad, porque lo de género es, ciertamente, mera circunstancia gramatical. Respetemos y liberemos de cargas a niños y adolescentes.