Cartas de lectores | Carta a la Dra. Anabella Azín de Noboa. ¡Ojalá la llegue a leer!
La eutanasia es un crimen que, de aprobarse, podría desvirtuar la vocación médica y el compromiso con la vida
Soy afín al gobierno del presidente Noboa, su hijo. Con todo respeto y admiración por ser doctora en medicina, ejercerla y además excelente asambleísta, me atrevo a recordarle que la ley de “derecho a la eutanasia” que propone no concuerda con el juramento hipocrático, base de la ética médica, que incluye no causar daño ni muerte. Hipócrates dijo: “No daré droga mortal aun cuando me sea solicitada”.
Existe una especialidad médica que usted conoce: los cuidados paliativos. Con la “Ley Orgánica de Cuidados Paliativos en Ecuador”, publicada el 28 de marzo de 2025, se garantiza atención integral gratuita y digna a pacientes con enfermedades crónicas, avanzadas o terminales, estableciendo su obligatoriedad en el sistema de salud público y privado, enfocada en aliviar el dolor y apoyar al paciente y su familia. ¿Por qué no promover su aplicación, aún pendiente? Dotar de medicinas, fortalecer la atención psicológica, capacitar en hospitales mediante material informativo, charlas y medios de comunicación, e incluso fomentar apoyo espiritual según las creencias. ¿O es más fácil eliminar al que sufre que acompañarlo en su dolor?
Aunque algunos aplaudan la eutanasia para huir del sufrimiento, siento la obligación moral y espiritual de expresar mi postura y ser voz de muchos. He vivido el viacrucis de tres seres amados enfermos: dos con enfermedades graves y mi madre política con enfermedad catastrófica. Pese a haber tenido que rogar por atención médica, buscar ambulancias, enfrentar trámites, esperar oxígeno, noches en vela, dolor profundo y recursos agotados, jamás pensamos en terminar sus vidas. La paz moral y espiritual de haberles dado amor y calidad de vida es invaluable. Tuvieron una muerte digna porque Dios las llamó en su tiempo, no en el mío.
No disfracemos con piedad el asesinato. La eutanasia es un crimen que, de aprobarse, podría desvirtuar la vocación médica y el compromiso con la vida.
Imaginemos además abusos legales en un contexto de corrupción, incrementando muertes por esta causa.
¡No a la cultura del descarte!
Dra. Anabella, para servir al prójimo utilice sus herramientas: su vocación médica, su rol de madre y su curul en la Asamblea. Por amor a Dios, defienda el valor supremo de la vida desde la concepción hasta la muerte natural.
Gretel Portés de Lerqué