Cartas de lectores: Así era en los 80
Hoy puede sonar cursi, pero así era en los 80 y parte de los 90
Luego de las fiestas o en las olimpiadas de los colegios tradicionales, era común conseguir el número de la chica que nos había atraído. Un cruce de miradas, una sonrisa y, si eras hábil, comenzaba la conquista: “qué bien bailas”, “me gusta tu sonrisa” o “tú debiste ganar”. En la noche te llamo.
—Aló, buenas noches, ¿con Fulanita?
—¿De parte de quién?
—De Leonardo.
Ahí empezaba todo: una conversación que podía llevar a la visita a la casa, a una fiesta o a la casi segura cita al cine. Bien vestido y con perfume prestado, llegabas a la casa. Ella ya había anticipado la visita, sonriente, tras mirarse varias veces al espejo. La empatía era clave. Sentados en un banco del jardín o en un carro parqueado, se hablaba de la fiesta, el colegio, amigos en común o del casete grabado por algún amigo ‘disc jockey’. Había que ser simpático, divertido y un poco audaz.
Paso 2: el cine. Inca o Lido; con mejor presupuesto, Guayaquil o Maya. Policines implicaba pizza en la Bella Napolitana. En la oscuridad, el brazo avanzaba con cautela hasta posarse en los hombros, siempre que ella lo permitiera. Había que saber leer las señales; a veces el supuesto sí terminaba en no. Algunas chicas aceptaban el clásico “hace calor” o “la bulla no deja conversar”, y los más aviones lograban sellar con un beso el inicio del enamoramiento.
Ese era el plan B, el más usado. El plan A era la declaración formal, incluso con flores y aprobación de los padres. Yo no llegué a eso.
Hoy puede sonar cursi, pero así era en los 80 y parte de los 90. Así se formaron muchas parejas, hoy esposos, quizá ya con hijos o nietos. Tiempos sin celulares, internet, ‘likes’ ni aplicaciones de citas.
El sábado, en el cumpleaños de un amigo, le dije a mi esposa: “hace calor, vamos afuera”. Nos fue bien y aproveché para fumarme un cigarrillo.
Leonardo J. Tapia Blacio