Carta a Fernando
Dios ayude al Ecuador. Contigo Fernando, tenemos una poderosa palanca en el cielo
Querido Fernando, los sicarios y autores mediatos o intelectuales no te han quebrado. Solo que ya no estás presente físicamente. Vives en el corazón de todos los ecuatorianos y ecuatorianas que te conocemos y admiramos. De tristes e indignados, gracias a tu ejemplo de valor, hemos pasado a la disposición colectiva de todo el pueblo de actuar tenazmente en contra de la corrupción y el crimen organizado.
Como señala Unamuno: la fe no hace los mártires, sino que, por el contrario, los mártires hacen la fe. Tu valentía para combatir a los enemigos de esta pequeña nación de nacionalidades se ha incrustado en el alma de todos y todas. Has liberado el Quijote que tenemos enclaustrado en los muros del temor, la indolencia, la comodidad y el olvido. Los enemigos, cínicos y recursivos, acechan como lobos con piel de cordero, con el impresentable propósito de ocupar el solio presidencial y los curules de legisladores con su falsa promesa de salvar a la patria que estos mismos se han encargado de hundir, mediante la rampante corrupción, el todo vale en la política y la permisividad y complicidad con el crimen organizado. Quieren terminar su obra deconstructiva. Pero tú has entregado el testigo o bastón de mando a este gran ser humano y periodista, igualmente guerrero: Christian Zurita, como tu sucesor. Le acompaña Andrea González, tu binomio presidencial, Carlos Figueroa, Martha Roldós, Edwin Ortega, Patricio Carrillo y todo tu equipo, quiénes cumplirán tu legado, con el respaldo de un pueblo decidido.
Dios ayude al Ecuador. Contigo Fernando, tenemos una poderosa palanca en el cielo.
Raúl Moscoso Álvarez