Opinión

La apatía es esclavitud

Atrévete a opinar, a divulgar lo que piensas, a dejar claros tus valores, a crear conciencia de lo que tú crees que el país merece.

Si algo nos ha quedado claro en estas semanas es que no podemos permitir que minorías que se toman el nombre de todos y no nos representan, impongan sus agendas políticas usando el miedo, tratando de conseguir por la fuerza lo que no lograron en las urnas.

Las opiniones de todos deben ser respetadas, sí, pero aceptar que por todos decidan unos cuantos que carecen incluso de legitimidad democrática (la cual tampoco es carta blanca) para hacerlo, sería renunciar a lo que nos hace una sociedad libre, una sociedad con reglas, pero sobretodo, un Estado de derecho, que no se arrodilla ante nada ni nadie. Cometemos el error de creer que nuestra obligación se cumple votando, cuando lo cierto es que el país nos necesita siempre. Atrévete a opinar, a divulgar lo que piensas, a dejar claros tus valores, a crear conciencia de lo que tú crees que el país merece. Si nos quedamos cruzados de brazos, temo que perdamos la libertad por la que otros antes que nosotros incluso han entregado la vida.

¿Cómo no nos vamos a preocupar? ¿Cómo no nos va a doler el país, si durante días nos aterrorizaron y quienes lo causaron lograron su objetivo?

Me ha sorprendido cómo ya ni siquiera nos asusta que traten una ley como “recaudatoria” cuando lo que necesitamos es crecimiento, productividad y empleo. ¿Cómo no frustrarnos cuando nos estamos disparando en el pie?

Lo que se espera recaudar con esta ley que, a mi parecer, va a afectar al sector productivo, es un poco más de la mitad de lo que el Estado se ahorraba mediante la eliminación de subsidios a los combustibles. ¿Sentido común? No, temor. Eso sí, más que justificado cuando se secuestraron policías y se quemaron edificios públicos.

Quiero finalizar con unas palabras que Winston Churchill le dedicó a los jóvenes cuando Gran Bretaña atravesaba uno de sus momentos más difíciles:

“Escuchen esto, hombres y mujeres jóvenes en todos lados, y proclámenlo a lo largo y ancho: la tierra es suya. Sean amables, pero sean feroces. Se los necesita hoy más que nunca. Tómense el manto del cambio porque este es su tiempo”.