Opinión

Añoranzas de una maestra

Es obvio que durante el día será otro cantar, que corretearán, saltarán y poco a poco demostrarán su actividad e impulso...

Hace ya algunos meses, una vieja maestra de aquellas que formaron generaciones nos decía triste que escribiésemos sobre estos tiempos, los niños de hoy y sus procederes no siempre amables y adecuados. Y por ello hoy tocamos este punto para que entre todos busquemos correctivos.

Así nos decía: “llegan tarde, a la hora que sea y pasan sin saludar” dos puntos en uno que hablan de cómo hemos perdido cultura y capacidad de formación. Esos padres: los bravos, los tiránicos, los que no se quieren repetir como modelo, se preocupaban y cuidaban los detalles, esos detalles que hablaban de la imagen de su hijo a la que prestaban atención y cuidado. Llegar puntual al colegio era acción sin discusión alguna, lo otro era simplemente inconcebible.

De igual manera, esos padres de otrora recomendaban a sus hijos: “saluden a los mayores” “sean respetuosos con sus profesores” y no es que los extrañemos al punto de querer reeditarlos, pues cada época requiere su propia metodología, pero si es verdad que al niño hoy se lo deja hacer y deshacer a su libre albedrío: “no saludan, pasan de largo conversando entre ellos y en ocasiones hasta tropezando con el adulto y ni siquiera piden disculpas”. Estas son las cosas que los jóvenes padres deben cambiar, deben construir en sus hijos.

La cultura, que está más allá de los textos escolares, la urbanidad que es más que conceptos, son indispensables en el crecimiento de un niño y un joven para que sean bien apreciados, estimados y considerados por todos. Despeinados, no siempre limpios y con su boquita oliendo a mantequilla, llegan a la aulas donde las parvularias tienen que recibirles prestas y sonreídas como a querubines.

Trabajemos todos: familia y escuela, en fomentar hábitos que afiancen la cultura, que hagan al niño limpio, prolijo y pulcro en busca de una buena imagen.

Es obvio que durante el día será otro cantar, que corretearán, saltarán y poco a poco demostrarán su actividad e impulso, lo que está bien, pero estará siempre mejor que sepan que hay maneras de estar en cada momento, en cada sitio y en cada circunstancia en que se encuentren.