Opinión

Amebas

Si promulga de inmediato el gobierno apalanca la ola de optimismo que en esta semana permitió bajar un 30 % el riesgo país.

El lunes fue aprobado por la Asamblea Nacional el Proyecto de Ley Económico Urgente que impulsa el Gobierno para acomodar sus tristes cuentas. 

El documento espera de la Presidencia su promulgación o un veto parcial -pues es obvio que veto total no habrá. 

A fiarse por la eficiencia con que la Asamblea cumplió su primer tramo del proceso legislativo, en dos tercios del plazo legal, la negociación entre Moreno, Martínez y los jefes de bloque fue más productiva esta vez que con la primera versión del proyecto. Desde el ocaso del correísmo, no superan un puñado las leyes que han alcanzado los 83 votos que sumó ésta en segundo debate. 

Si promulga de inmediato el gobierno apalanca la ola de optimismo que en esta semana permitió bajar un 30 % el riesgo país. Otra es que se tome hasta un mes para el veto parcial, como lo permite la Ley, en cuyo caso devolvería a la Asamblea un proyecto mejorado que recién concluiría su trámite en enero 2020. Ello impediría que los impuestos que dependen de un período fiscal íntegro para su vigencia tomen cuerpo antes de 2021. El Presidente puede enviar su veto casi de inmediato también, pero sería una apuesta riesgosa esperar que los legisladores despachen antes de enero. 

De los impuestos en juego, los ICE, el de los plásticos, así como el impuesto ocasional a las empresas no requieren de un año fiscal completo para brindarle liquidez al gobierno. Lo contrario sucede con la eliminación del anticipo de impuesto a la renta y las nuevas exoneraciones, que si requieren en cambio un año fiscal entero para calcularse: tomarse su tiempo podría entonces serle eficiente al fisco. Y así hay casos y casos, pues la ley está llena de pequeños cambios en modalidades de retenciones, techos en deducibilidad y otros. 

Hablando de una Ley con la que Finanzas espera recaudar aproximadamente $ 600 millones, frente a un déficit no financiado aún de 4 billones, todos esos escenarios son amebas, como dicen en Quito a la poca cosa. Así, más importante parece mantener la confianza en la gobernabilidad y la de los mercados internacionales que seguir regateando con la Asamblea por amebas.