Tape traders: pasado, presente y futuro

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Tape traders: pasado, presente y futuro

La cultura del intercambio de casetes por correo postal, prácticamente extinta, tiene mucho que enseñarles a las nuevas generaciones de artistas independientes

Underground
Paúl Troya.Cortesía

En tiempos preinternet, el trueque de tapes (casetes) permitió el crecimiento y consolidación de las distintas vertientes de música extrema.

Se trataba de una red social mundial conectada mediante cartas escritas a mano, que incluía a los propios artistas que difundían su música, pequeños sellos, editores de fanzines (revistas artesanales) y melómanos. Todos con un solo objetivo: disfrutar y compartir bandas que habría sido imposible conseguir de otra forma.

A un milenial seguramente le resultará difícil entender todo lo que implicaba ser un ‘tape trader’. Grabar (uno tras otro) casetes con bandas de tu ciudad y país (o cualquier cosa que lograras conseguir) y enviarlos a tus contactos, con la esperanza de que ellos te manden algo interesante. Para ello debían esperar semanas o meses (a veces años), hasta que el cartero lleve o traiga sus cintas, algo que puede parecer intolerable en los tiempos actuales en los que reina la inmediatez.

EXPRESIONES conversó con Paúl Troya y David Vergara, dos amantes de la música violenta que tienen décadas involucrados en la movida subterránea. Ellos contaron sus experiencias y puntos de vista de esta cultura.

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Paúl TroyaCortesía

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¿Por qué usar casetes? ¿Por nostalgia o porque ofrece facilidades con respecto a otros formatos?

Para mí, es nostalgia y respeto a las cintas. En los noventa era más barato conseguir cintas que vinilos o CD; pero hasta hoy sigo involucrado en esto, ya sea coleccionando, produciendo o distribuyendo.

¿Qué incluye el trabajo del sello?

Las bandas me envían su grabación vía CD-R o un tape master, aunque en estos últimos años la mayoría manda archivos por la web. Luego yo me encargo de pasar el audio a la cinta, diseñar las portadas y distribuir.

¿Cómo es la labor de difusión?

Mis trabajos son limitados, máximo 200 copias. De todos ellos, hago volantes con reseñas de las bandas e información del precio y cómo conseguirlos. Otra manera de dar a conocer las cintas es en los conciertos o por medio de ferias musicales.

¿Y en cuanto a los gastos?

Los gastos incluyen obtener cintas vírgenes cromadas, hacer las portadas, stickers, volantes. Luego se entregan las copias a la banda de acuerdo con lo pactado, por lo general el 20 % o 30 % del tiraje.

El trueque entre sellos y distros (distribuidoras) es importante también, más allá de las ventas.

Para mí es fundamental hacer intercambios internacionales, así hay más difusión de lo que hago y al mismo tiempo hago conocer a muchos grupos locales. Aunque no todos los sellos lo hacen.

¿Cómo lograr que un sello sea autosustentable?

Produciendo o distribuyendo reguetón (carcajadas)… En mi caso, es más amor al arte de la bulla, lo que hace que muchas veces pierda dinero. Aun así, mis producciones se distribuyen muy rápido a nivel internacional y eso es más gratificante para mí que lucrarme.

¿Cómo ve el estado actual de la escena de música extrema en Sudamérica?

La escena sudamericana está en decadencia, cada vez hay menos gente interesada en música extrema o antimúsica, como yo le digo. Pero aún quedan personas que están luchando para que estos estilos sobrevivan. La música extrema es para pocos privilegiados.

¿Y en Ecuador? Pareciera que a pesar de la facilidad que dan las redes actualmente, la escena de los noventa y principios de los dos mil era más grande y organizada.

Es difícil comparar épocas. En los noventa había más unión, más colaboración, más pasión, pese a todos sus defectos de sonido o de organización. Así lo veo yo. Igual lo disfrutamos como podemos los verdaderos amantes de la antimúsica, hasta que el cuerpo aguante.

Miguel Ángel Patiño, músico guayaquileño de la escena underground que vive en Quito.

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¿Cómo se inicia en el intercambio de música?

He sido melómano desde pequeño. Mi abuelo tenía una enorme cantidad de vinilos y yo siempre quise tener mi propia colección. Ya cuando tuve 16 años llegó a mis manos un fanzine, recuerdo que de Escocia...

¿Ya estaba implicado en la música subterránea?

Claro y me gustó mucho más que el rock comercial. En ese zine leí un anuncio de un ‘tape trader’ y de otro fanzine. Les escribí y así me sumergí en el intercambio de música. Conocí bandas asombrosas de toda América, Europa y Asia. Intercambiábamos tapes, discos, fanzines, volantes, entradas de concierto...

¿Cómo era recibida la música proveniente de Ecuador?

Ecuador era visto como un país exótico y había mucho interés por las bandas de acá.

Para ser un ‘tape trader’, aparte del gusto por la música, había que tener paciencia y dedicación...

Claro. En mi caso, me obligó a aprender inglés. Leía las cartas con diccionario en mano o mi hermano mayor, que había vivido en EE. UU., me ayudaba con la traducción.

Y había que estar bien informado, además.

Claro. Los fanzines eran nuestro Google para estar al tanto de nuevas bandas, grabaciones, estilos.

La honestidad siempre ha sido un factor importante en esta cultura.

Es indispensable. Si amas esto, no puedes perjudicar a nadie. En su mayoría, los que estábamos metidos en esto éramos adolescentes sin trabajo aún, que teníamos que ingeniárnosla para cubrir los gastos de envío. Incluso nos tocaba reciclar las estampillas.

Eran clientes fijos del correo.

Nos miraban raro en el correo. Se preguntaban: “¿Qué será que mandan estos ‘pelados’ a sitios como Europa del Este, Malasia, Singapur?”.

Existían también los rip-off, que no cumplían con lo pactado y no enviaban nada a cambio.

Sí, pero la misma comunidad los denunciaba y los marginaba.

Viéndolo en retrospectiva, ¿qué opina de la escena de los 90?

Antes las bandas eran más humildes. Ahora es impresionante el ego. Por la naturaleza misma de la escena y su ética de “Hazlo tú mismo”, no podías ser pretencioso. Yo me quedo con la escena antigua.

Usted no mantiene su distro tan activo como antes. ¿Se debe a una desilusión de la escena?

Sí, talvez sea desilusión. Estoy en conversaciones con Enfermos (banda de punk de Guayaquil) para lanzar un disco siete pulgadas. Mi sello se mueve un poco lento ahora, pero con la gente indicada.