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Sisa Morocho
Uno de los modelos de la última colección Sisa MorochoCortesía

Sisa Morocho: “Nuestra identidad no tiene límites”

El boom de la ropa indígena hace que esta mujer Puruhá aspire a que toda ecuatoriana vista con orgullo sus diseños.

La herencia cultural de la mujer indígena está latente en los bocetos que dibuja Sisa Morocho desde su escritorio. “Yo soy puruhá”, dice orgullosa. Nació en Chimborazo, pero cuenta que a los seis meses de haber nacido, su familia se mudó a la capital ecuatoriana.

Volvió a sus raíces veintitrés años después, cuando falleció su padre. “Al regresar, pude conectar con el legado que dejaron mis ancestros. Ahí me di cuenta de que todos esos años había usado erróneamente ropa que no me representa”. Se refiere a la de Otavalo.

Tras hacer una investigación y ante la necesidad de vestir lo propio, lanzó Sumak Churay (El buen vestir) para imponer lo autóctono, lo hecho a mano y, sobre todo, la identidad.

Aquello fue hace nueve años. A partir de entonces, sus piezas son utilizadas por la descendencia puruhá. Desde niñas hasta ejecutivas exaltan en sus prendas la cultura y el arte rico en significados que plasman las tejedoras.

Foto de Sistema Granas (8332202)
Sisa Morocho en su atelier.Cortesía

Más allá del hilo y la aguja

Sobre su acercamiento al hilo y aguja, dice que desde los doce años de edad estudió corte y confección y a los quince ya era maestra artesanal.

Al graduarse, empezó a mostrar su talento en la elaboración de gorras que su papá salía a vender en las calles.

“Honestamente no me gustaba coser gorras, las hacía por obligación. Cuando fallece mi papá, empiezo a estudiar más técnicas de costura para poder hacer lo que me gusta: ropa”, comenta.

Ella tenía las bases, pero hasta ese entonces no dominaba el diseño ni la elaboración de las prendas. Por eso decidió profesionalizarse en un curso online de patronaje en Colombia.

Ahí se fue adentrando más en los textiles, hasta convertirse en una estudiosa de ellos. “Culminé esa carrera y ahora estoy cursando el segundo semestre de Gestión y Diseño de Moda en Ecuador”, dice orgullosa de sí misma.

Con ese bagaje se convirtió en una emprendedora que ha impulsado su propia marca luego de descubrir su talento en la moda.

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Con la bandera de la identidad

Al transitar por las calles Vélez y Rumichaca, centro de Guayaquil, sus piezas llaman la atención desde las vidrieras. Al dar un vistazo a las perchas, estas varían, ya sean para uso cotidiano o para ocasiones especiales.

“Nos diferenciamos de las demás marcas de moda puruhá por el bordado a mano en las blusas”, explica. Aquel trabajo manual lo hacen mujeres zuleteñas, quienes se toman de uno a tres días en bordar una prenda.

El fajín, por su parte, lo confeccionan las mujeres de Cacha (Riobamba), cuyos bordados reflejan las tradiciones de la mujer puruhá.

Todas estas piezas se trabajan en una paleta de colores impuesta desde el tiempo de sus ancestros. La kawiña (nombre quechua) agrupa los tonos amarillos, rojos o verdes y, por lo general, se aprecian en bordados y fajas. El anaco, en cambio, tiende a ser negro o azul.

En cuanto al diseño de blusas, Sisa explaya todo su aprendizaje e incorpora las tendencias. Es así como mezcla lo étnico con lo moderno, para dar una seña distinta.

La acogida ha sido tal que, si bien maneja tallas estandarizadas, suele hacer piezas personalizadas, a fin de que nadie se quede sin poder lucirlas.

Su incursión en esta industria ha sido tomada en serio y Sisa lleva la bandera de identidad.

Jamás usé jean

Una larga melena de color negro azabache caracteriza no solo a Sisa, sino también a las demás mujeres de su etnia. “Suelo pintármelo para que se vea más brillante”, confiesa como su secreto.

Cuando hablamos sobre su imagen, dice que el anaco es una de las prendas que han estado presentes en su indumentaria desde que era niña. “En mi caso, en la escuela, el colegio y la universidad nunca usé uniforme, ni siquiera cuando juré la bandera. Y si tenía que hacer una exposición, vestía prendas autóctonas”. Y enfatiza: “Jamás usé jean”.

Hoy le enorgullece ver a más mujeres indígenas vestir prendas así. “Antes, cuando nos poníamos esta vestimenta, la gente nos veía como si estuviésemos disfrazadas. Nos preguntaban si acaso íbamos a una fiesta o desfile”, recuerda.

En su opinión, ya se está viendo un boom de esta moda. A través de su emprendimiento ha podido exportar sus diseños a Estados Unidos y España.

“Mi reto es que toda ecuatoriana vista esta ropa, no solo indígenas. Nuestra identidad no tiene límites”, afirma.

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Foto de Sistema Granas (8332204)
.Cortesía

Otavaleña vs. Puruhá

Ante la duda de cómo diferenciarlas, Sisa menciona que eso se evidencia en las blusas. Las mangas de las blusas de Otavalo son bombachas. “Sin embargo, la ropa puruhá se identifica por los diferentes cortes e incluso nos hemos reinventado y las hacemos con tendencias del momento, como por ejemplo con vuelos. O si no, también las confeccionamos con mangas largas con transparencias y bordados”.

Lo social también importa

Ni la moda ni su empeño por mostrar su identidad la han alejado de la ayuda social. Es por eso que cada miércoles recibe en sus locales de Quito y Riobamba a personas en situación de calle para brindarles café y sánduche.

“He aprendido a decirme todas las mañanas: ‘Si tú no lo haces, ¿quién más lo va hacer?’”, indica con humildad.