Un viaje hacia los lugares en los que se bañaron los incas

  Cultura

Un viaje hacia los lugares en los que se bañaron los incas

Son destinos patrimoniales en zonas rurales de Cañar y Loja. Los turistas los visitan todo el año, pero se llenan de rituales en el Inti Raymi

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En Cuenca. Está en la comunidad de Ñamarín, a cinco minutos en carro desde el centro de Saraguro. Se cumple un recorrido a pie alrededor de 20 minutos.Cortesía

Dejar que el agua de la cascada caiga sobre la cabeza y luego sumergirse en una laguna es un ritual de sanación ancestral y milenario. Es un legado heredado de culturas indígenas. Se practica y se lo mantiene en los llamados ‘Baños del Inca’, ubicados en dos puntos geográficos andinos, el complejo de Coyoctor (Cañar), y en Ñamarín (Loja).

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Son bienes patrimoniales ancestrales tallado en roca nativa y donde se destaca el Sillón del Inca y la mesa o Altar Cañari. Reliquias arqueológicas que anualmente son visitadas por miles de turistas, no solo por apreciar la maravilla natural, sino también para practicar la eliminación de las malas energías y lograr una sanación espiritual.

“Son el sitio donde se bañaban Túpac Yupanqui, Huayna Cápac y Atahualpa”, asegura el historiador cuencano Juan Chacón. Eran baños espirituales. “El culto del baño de purificación del inca era al mediodía de cada 21 de junio y durante el rito del Inti Raymi, donde el sol se ubica de manera perpendicular sobre la tierra”.

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En Coyoctor. Así luce este complejo arqueológico que es recorrido por turistas nacionales y extranjeros.Cortesía

Según su cosmovisión, a más de eliminar con el baño las malas energías del cuerpo, pedían a su dios mejores cosechas y mayor producción. “Es decir, sacralizando al agua”, narra Juan Chacón.

En Coyoctor, emplazado en las faldas del macizo del Azuay, a 1 km del complejo de Ingapirca, en el cantón El Tambo, son 20 hectáreas de terreno donde se levanta un conjunto de rocas talladas, estructuras de piedra, caminos empedrados junto a unos graderíos, terrazas y figuras de ranas, monos y lagartijas, como representación mágico-religiosas de la cultura Cañari-Inca. El espacio habría sido ocupado por el imperio incaico a partir de 1532.

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Alrededor del altar cañari lucen imponentes flores de escancel, acacias, palmas, zarcillos, granizos, rosas amarillas, lirios, cipreses, quinceañeras, entre otras.

En Ñamarín, a 141 kilómetros al sur de Cuenca y a 330 kilómetros de Guayaquil, junto a la laguna principal, se aprecia piedras labradas rectangulares de color blanco.

Lo más llamativo en este baño es el tallado de una piedra de 12 ángulos, la misma que en la parte superior, se encuentra tallada una saliente para la caída del agua en forma de chorro. Es ahí donde los nativos y turistas se hacen los baños de sanación y los ritos.

La caída de agua es una cascada natural de agua muy cristalina y plateada que alimenta continuamente la fuente. A sus extremos está la flora y vegetación que según el historiador Antonio Castro, sirvieron de cortinas para resguardar del frío y del sol al poderoso inca Atahualpa, cuando se bañaba.

En la caída del agua existe una parte más profunda en forma rectangular prolongándose directamente hacia el desagüe para luego ser conducida a una especie de tubería subterránea, toda obra de los Incas, añade Castro.

Actualmente, en Coyoctor y Ñamarín se realizan los rituales más importantes del Inti Raymi y Kayak Raymi que se celebran el 21 de junio y 21 de diciembre de cada año.

En las lagunas que forman las cascadas es donde se hacen los baños de sanación y los ritos, en un legado milenario que se mantiene.

Los restos de un imperio indígena

Desde épocas preincaicas los baños termales eran frecuentados por las élites locales por ser lugares en los que se aliviaba el cuerpo y la mente gracias a las propiedades curativas de sus aguas. La historia cuenta que el inca Atahualpa se desplazaba hacia las aguas termales después de los enfrentamientos de combate. Se los conoce como Baños del Inca, balnearios medicinales que atraen a miles de personas que buscan, en sus diversas pozas de aguas terapéuticas, alivio para el cuerpo, la mente y el espíritu. Estos lugares conforman el legado que el imperio del Tahuantinsuyo dejó al territorio que hoy es parte del Ecuador, donde se han descubierto una docena de ruinas, siendo Ingapirca la de mayor valor histórico y mejor conservación.