Andy Warhol y el miedo a contraer SIDA que condicionó su activismo

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Andy Warhol y el miedo a contraer SIDA que condicionó su activismo

La miniserie 'Los diarios de Warhol' está en Netflix y recoge su vida luego de los tres disparos que casi lo matan. En esta reseña hablamos del lado oscuro de Warhol, cuya producción lo bautizó como Amando al extraterrestre

Warhol
Los diarios de Warhol está en Netflix.Cortesía

Andy Warhol iba a misa todos los domingos. Como un hombre profundamente católico, temía enfermarse de VIH/SIDA cuando Nueva York, Estados Unidos, se zambullía en una época sombría: los 80. Infectarse era un castigo de Dios a la homosexualidad. Era el cáncer gay. Una enfermedad envuelta en una crisis moral y en la vergüenza. Pero finalmente Warhol, artista plástico estadounidense y máximo representante del pop art, nunca contrajo el virus. Murió hacía 1987 tras una cirugía de vesícula. 35 años después, su nombre reaparece en la plataforma de Netflix con la miniserie 'Los diarios de Warhol', que recoge su vida luego de los tres disparos que casi lo matan.

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Nacido en Pittsburgh en 1928, Warhol -lentes de pasta, peluca rubia y lacia, pálido- se convirtió en un ícono del arte. Nadie era más famoso que él en el siglo XX. Deslumbró. Brilló muchísimo. Y se apagó como una luciérnaga en la claridad después de que Valerie Solanas, una prostituta esquizofrénica, lo atacara en 1968. Logró curar sus heridas, pero nunca borró las cicatrices que quedaron esculpidas en su memoria. No volvió a ser el mismo. “Y nunca lo entenderán”, se dice en el trailer del documental que tiene seis episodios, cada uno de una hora aproximadamente.

Pero en esta reseña nos centraremos en uno solo. El sexto. El lado oscuro de Warhol. Y cuya producción lo bautizó así: 'Amando al extraterrestre'. “No todo es pop, colores brillantes y almohadas plateadas”, suelta Donna De Salvo, curadora, en las primeras líneas del capítulo. Se refiere a una serie de cuadros que el artista hizo de la muerte y el desastre. Pinturas que son difíciles de ver. Violentas. Accidentes de tránsito. Sillas eléctricas. Dice De Salvo que son “una reflexión del tipo de mundo en el que vivimos”. Entonces, el VIH/SIDA ya golpeaba fuertemente a Nueva York, en 1980, dejando una estela oscura, de tristeza y dolor.

Las noticias en aquella época eran así: “Hay tantos enfermos que no encuentran cama para morir, ni una ambulancia que los lleve ni una funeraria que los entierre”. “Murió el paciente de la enfermedad rara”. Se había convertido en el mayor problema sanitario después del cáncer 32 % (SIDA 31 %). Y con un profundo desconocimiento. Warhol se cuestionaba sobre lo que estaba ocurriendo: “Qué es la vida, te enfermas y mueres. Solo tienes que mantenerte ocupado”.

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Pero no era tan indiferente a lo que pasaba a su alrededor, donde la crisis del SIDA ya había matado a personas cercanas a él. En el documental se habla de Jon Gould, vicepresidente de Paramount Pictures y con quien Warhol tuvo una relación supuestamente asexual. Falleció en el hospital tras haberse infectado. Y eso aniquiló al padre del pop art.

“Dicen que los hombres que tienen sexo todo el tiempo lo tienen (el VIH) en su semen. Me preocupa contagiarme bebiendo del mismo vaso. O la cercanía de los chicos que van a los saunas. Estoy nervioso. Podría contagiarme”, escribió Warhol en uno de sus diarios. Claramente estaba aterrado. Un miedo racional para aquella época en la que no se sabía casi nada del virus ni del síndrome. Pero su miedo también lo puso en el ojo de la crítica de los grupos Queer porque no se mostraba compasivo y no era el activista que la gente quería, como otros famosos gais que sí apoyaban la causa. “A veces podía parecer un poco egoísta, porque solo le interesaba su círculo, su grupo de amigos”, se dice en el documental.

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Defienden, por otro lado, que su actuación también estaba muy ceñida a su catolicismo. Aquello lo frenaba. Y contribuir con ese movimiento para que llamara la atención sobre el virus nunca iba a ser parte de su historia. Y, sin embargo, una de sus últimas obras es La última cena. En esta pintura, llamada La gran C, expertos analizan sobre cómo demostró su empatía con los contagios del SIDA. Aparece un Cristo con la cara del perdón a la enfermedad: un Jesucristo con sus discípulos como una posible fraternidad gay. La marca de la bestia, el 666, que hacía referencia al virus; el cielo y el infierno; el arrepentimiento y el no pecar más… y claro que hubo quienes contradijeron este planteamiento.

Poco después, Andy viajó a Milán, a la muestra de La última cena. Enfermó. Una cirugía de vesícula lo mató a sus 58 años. Su obra se volvió incluso más aclamada tras su fallecimiento. Y las críticas quedaron enterradas. No hay duda de que Warhol fue un genio en una época de terror.