Guayaquil

El virus deja sin sustento hasta a los cocodrilos de la Santay

Los comuneros de la isla piden reabrir el acceso como en los otros parques. No hay residentes enfermos y necesitan trabajar

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Los moradores de la isla se dedican, en su mayoría, a la pesca.Gelitza Robles

Seis meses ‘encerrados’ en una isla, sin visitantes. Parece el argumento de una película, pero es una historia de la vida real cuyos protagonistas eran, hasta ayer, los más de 250 habitantes de la isla Santay. Tan ansiosa está Elsa Rodríguez, presidenta de la comuna, de volver a recibir turistas, que solo de pensarlo llora de emoción.

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Desde el 15 de marzo, por la emergencia sanitaria de la COVID-19, este atractivo turístico cerró sus puertas al público. A Elsa se le salen las lágrimas porque en la isla, dice, son muchas las personas que viven del turismo. Estos rubros servían, entre otras cosas, para el pago de sueldos, mantenimiento de las áreas comunes y la alimentación de los cocodrilos. Estos 15 animales, que son uno de los atractivos más importantes del lugar, llevan cinco meses sin alimentarse adecuadamente, según su cuidador Benito Parrales.

El Área Nacional de Recreación Isla Santay, explicó Elio Parrales, generó 17.720,66 dólares por turismo en enero de 2020, último mes ‘normal’ antes de la pandemia. Elio es administrador de la Asociación de Servicios Turísticos San Jacinto de Santay, a cargo de las actividades que generan dinero en la zona: alquiler de bicicletas y botes, hospedaje, restaurante, etc.

Esta es la fuente de ingresos de más de 56 personas que laboran en la agrupación y otras decenas que aprovechan el turismo para obtener dinero. Ese mismo mes hubo un egreso para gastos de $ 15.918,43, de los cuales $ 10.031,89 fueron para el pago de los sueldos y la seguridad social de los comuneros, y $ 370 se destinaron a darles de comer a los cocodrilos. “Desde hace cinco meses no se alimenta a los animales”, detalla.

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Las niñas de la comunidad practicaban para su homenaje a Simón Bolívar.Gelitza Robles

Benito lamenta que, pese a que las autoridades saben que esta es un área protegida y que el monto mensual para el cuidado de los animales sale del turismo, no enviaran algún tipo de compensación. Cuenta que los cocodrilos hasta ahora han sobrevivido de los peces y cangrejos violinistas que entran a la laguna.

Hemos estado seis meses sin trabajar. Todavía se le debe a la gente, hay que pagar a los guías, las chicas de la cocina, los choferes, los oficiales, los que trabajan en los quioscos. Hemos vivido con la platita que teníamos guardada”, dice Elsa sollozando.

Contó que tan ansiosos están de trabajar, que ellos arreglaron ya las camineras, limpiaron el estanque de los cocodrilos y tienen listo un protocolo de bioseguridad para empezar a recibir visitantes.

La mañana del jueves 3, Elsa caminaba emocionada de un lado hacia otro. Parecía una niña más, de las más de 10 que ensayaban una coreografía en la glorieta de la comunidad. Ayer recibirían a autoridades del Ministerio de Ambiente (MAE) en un evento que organizaron para conmemorar la llegada de Simón Bolívar a la isla, en agosto de 1829. Allí les pedirían que abrieran el acceso a turistas, pues no les habían anunciado aún una fecha de apertura. Este evento se celebra cada año a lo grande en agosto, pero por la pandemia lo tuvieron que posponer a septiembre.

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Algunas áreas de la comuna permanecen cerradas, como la cocodrilera y el restaurante.Gelitza Robles

Ena Gomero, directora de la escuela de la isla, llamada Jaime Roldós Aguilera, comenta que normalmente este evento era para los turistas, pero este año se invitó a las autoridades para que se enteren de las necesidades que tiene la zona.

Benito suma una preocupación más a la lista: el robo de motores y herramientas de pesca, actividad principal de los comuneros y con la cual se han mantenido hasta ahora, “al menos para comer”, dice. Él es también presidente del Gremio de Pescadores Artesanales de la Isla Santay, con 66 integrantes.

“A mis compañeros les han robado motores, carnadas; a otros les roban la pesca. Gracia a Dios no han tratado de matar a ningún pescador”, cuenta. Lo más grave, añade, es que los antisociales les quitan sus motores para luego llamarlos y pedir recompensas económicas. Además, les piden que no los denuncien.

Si bien destacan la ayuda, por ejemplo, de la Fundación Amigos de Santay, de grupos religiosos y demás organizaciones que han donado alimentos y varios implementos, lo que piden los comuneros es tener clara una fecha de apertura para volver a trabajar.

EXPRESO solicitó información, a través de un correo electrónico enviado el pasado jueves, al Ministerio de Ambiente sobre la reapertura de la isla y el tipo de soporte que dieron al área protegida durante los meses de aislamiento, pero hasta el cierre de esta edición no respondieron.