
Saidel Brito: "El arte debe incidir en el tejido cultural de Guayaquil"
El nuevo rector de la Universidad de las Artes habla con EXPRESO y plantea transformar la institución en un proyecto cultural
Saidel Brito, nacido en Cuba en 1973, es artista visual, curador y doctor en Ciencias sobre Arte. Reside en Ecuador desde 1998 y se ha desempeñado en el país como docente e investigador en diferentes instituciones académicas. En 2026 asume como rector de la Universidad de las Artes (UArtes).
Edificios de la Universidad y su rehabilitación
—Apenas han sido un par de semanas como rector. ¿Qué radiografía hace hoy de la Universidad de las Artes?
— Han sido días intensos, que por el volumen de trabajo parecen meses. Mi prioridad inicial ha sido construir un equipo sólido y revisar con cuidado los cronogramas, el plan operativo anual y los sistemas administrativos. Todo eso permite entender con mayor claridad el estado real de la institución y tomar decisiones con base técnica.
— ¿Cuáles son las urgencias más visibles?
— La principal urgencia está en la infraestructura. Este año vamos a iniciar un proyecto que no pudo concretarse el año pasado: la última fase del edificio del ex-SRI, ubicado en la calle 10 de Agosto. Es una obra largamente esperada y clave para el desarrollo académico y artístico de la universidad. Incluye salas de danza, un teatro, espacios para la vinculación con la comunidad, aulas para distintas carreras, cabinas sonoras, talleres de nuevos medios y el FabLab. En este último caso, estamos evaluando que se configure de manera más compacta y ordenada, ya que hoy está fragmentado. La idea es que funcione de forma interdisciplinaria y no solo para Artes Visuales.
—Otro inmueble emblemático es la ex Cárcel Municipal, destinada a la Escuela de Artes Sonoras. ¿En qué punto está ese proyecto?
—Es un reto histórico. Ese espacio ha estado vinculado a la universidad desde sus inicios, pero presenta daños estructurales importantes por el paso del tiempo, la falta de mantenimiento y problemas como raíces que han afectado la estructura. Antes de cualquier intervención es indispensable actualizar la radiografía técnica del inmueble.

—¿Qué pasos seguirán después de esa evaluación? ¿Dónde se gestionarán los recursos para esa rehabilitación?
—Una vez que tengamos ese diagnóstico, se debe estructurar un proyecto de inversión serio, con respaldo técnico, y presentarlo ante las instancias nacionales correspondientes. Es un proceso complejo, pero necesario si se quiere recuperar ese espacio y ponerlo al servicio de la formación artística. El proyecto debe presentarse a la Secretaría de Planificación, al Ministerio de Finanzas y a las instancias del sistema de educación superior. Ya hemos iniciado conversaciones con el nuevo Ministerio de Educación. Hay un 'viento' favorable, aunque quisiéramos que sea más fuerte. Todo dependerá de la solidez de la propuesta y de su articulación con la ciudad y con universidades aliadas.

Universidad de las Artes para la ciudad de Guayaquil
— ¿Esa articulación incluye a instituciones como la Espol y al proyecto Distrito 100?
— Sí. Con la Espol mantenemos una relación muy sólida. Estamos trabajando conjuntamente en el que sería el primer doctorado en Artes del Ecuador. La idea es presentarlo al CES en los próximos meses e iniciar la primera cohorte en 2027. En cuanto al Distrito 100, se lo concibe como un corredor cultural y tecnológico en el centro de Guayaquil, parte de una visión de largo plazo.

—¿Qué rol debe jugar la UArtes en la ciudad?
Ese es uno de los grandes desafíos. La universidad tuvo una etapa de creación y otra de institucionalización. Ahora debe pasar a una nueva etapa: la universidad como proyecto cultural. El arte no puede quedarse en los muros; debe salir e incidir en el tejido cultural, social y artístico de Guayaquil. Existe una deuda histórica de conexión con los actores culturales de la ciudad. Es una relación que debe fortalecerse y construirse de manera sostenida.
—La universidad suelen tener una dimensión política muy incisiva contra el poder Estatal. ¿Cómo manejar ese aspecto?
—El arte es disruptivo por naturaleza y la enseñanza artística debe incubar pensamiento crítico. Ese pensamiento debe darse desde la pluralidad y no desde una orientación partidista. Nosotros consideramos que una escuela de artes en el siglo XXI tiene que estar en concordancia con su tiempo, tiene que estar posicionada, por supuesto, desde esa conciencia crítica de la sociedad. Pero si se da desde una orientación estrecha, desde una mirada incluso partidista o de política inmediata, pierde lo más importante que el arte tiene para su trascendencia, que es su proyección poética, la construcción y la definición de metáforas, la posibilidad de soñar, imaginar un mundo distinto a la contingencia que nos abruma. La universidad debe ser un espacio multicolor, donde convivan distintas miradas.
— ¿No teme que ese pensamiento crítico genere tensiones con el poder?
— O sea, si el arte no cuestiona, no existe. Es el cuestionamiento. Y si estamos, y decimos que vivimos en un país democrático, entonces sería contraproducente. Cuando, en los momentos en los cuales el arte es censurado o reprimido, la mayor plusvalía la saca el arte mismo.
Cuando hablamos de cuestionamiento y de una noción crítica y disruptiva del arte, también es con el propio arte. O sea, no solamente es con lo político. Lo político es una parte, a veces incluso chica.
Porque la noción del arte político va mucho más allá de los gestores de la política o los dirigentes políticos. Tiene que ver con el mundo de la economía, tiene que ver con el mundo empresarial, tiene que ver con el mundo de la espiritualidad, tiene que ver con el mundo de las relaciones raciales y de género. O sea, hay una noción política del arte que va mucho más allá de la noción estrecha que a veces situamos de lo político. Entonces, en esa noción amplia, lo importante es que la universidad, como es su sentido más profundo, incluso en términos constitucionales, nunca debe ser partidista, debe ser plural, debe entenderse como el lugar donde confluyen todas las ideas de diversas generaciones y, por supuesto, las distintas miradas que sobre el arte se tienen.
— ¿Cómo observa hoy la relación entre la oferta académica y el ingreso de estudiantes?
— El ingreso a pregrado se mantiene relativamente estable. El gran reto está en la formación previa. Muchos estudiantes llegan sin una base sólida en educación artística, sobre todo en disciplinas como la música, donde la formación temprana es clave.
—¿Se ha debilitado la enseñanza artística en el sistema educativo?
— Sí, claramente. No existe una política nacional sólida de enseñanza artística. Sin una base fuerte en los niveles iniciales y medios, la cadena de formación se debilita. Por eso estamos trabajando en convenios y articulaciones con instituciones que tienen una trayectoria histórica en la enseñanza de las artes. Uno de esos convenios es con el Colegio de Bellas Artes Juan José Plaza.
— ¿En qué consistirá ese convenio?
— Se trata de un trabajo conjunto que incluye conversatorios, exposiciones, procesos de capacitación, intercambio entre estudiantes y docentes. La Universidad de las Artes es heredera de una tradición larga de enseñanza artística en Guayaquil y debe dialogar con esa historia.
Saidel Brito
— Habla un poco también de que en las escuelas se le perdió un poco el énfasis a las bellas artes...
— Ahí está el problema. No hemos tenido nunca una política de Estado en la cual se entienda o proyecte la enseñanza artística como procesos que vienen de los niveles primarios y secundarios hasta la universidad. La mayor inversión que pudiera hacer el Estado y el mayor compromiso que debería asumir la Universidad de las Artes es tejer ese sistema de enseñanza artística. No siempre se ha situado la Universidad en concordancia con la historia de formación artística local, y eso que es heredera de esa historia. Lo mismo pasa con los conservatorios. La realidad de los conservatorios en Guayaquil y en el país es una realidad bastante triste, y a eso el Estado debe prestarle atención.
—¿Este modelo puede replicarse en otras instituciones?
—Hay que diferenciar entre la formación artística profesional y la educación artística general. Cada disciplina tiene tiempos y necesidades específicas. Pero en educación artística hay un enorme campo para incidir en el sistema educativo, formar docentes y construir públicos desde edades tempranas.

Presupuesto y proyección internacional
—En términos presupuestarios, ¿cómo se encuentra hoy la UArtes?
— Este año contamos con el presupuesto más alto de los últimos cinco años, que bordea los 18 millones de dólares y representa un incremento superior al 7 %. No se trata de un regalo, sino del resultado del trabajo académico, investigativo y de gestión que se ha venido realizando. El principal reto es ejecutarlos bien: hacerlo de manera eficiente, estratégica y transparente, para fortalecer la formación artística, la investigación y el vínculo de la universidad con la sociedad
—¿Cómo se exporta la UArtes fuera de la urbe?
— No queremos solamente atravesar Guayaquil, sino expandirnos más allá del país. Sí, tenemos presencia ya planificada para los próximos meses en Quito, y consideramos que tenemos estudiantes de todas las regiones. Somos conscientes que el regreso de los estudiantes a sus provincias debe ser un impacto, por la inversión realizada en la educación. En Guayaquil, estamos dedicando fondos para tener una agenda cultural desde este 2026, con eventos hitos, de manera articulada y con calendarios anuales para brindar una oferta a los ciudadanos. Para que la Universidad se convierta en un espacio más poroso y conquistar el territorio inmediato. Apoyar iniciativas barriales. Que la fragilidad de nuestras fronteras sea una oportunidad: "El arte como un proceso de sanación social", como sostenía el artista Joseph Beuys en Alemania. Se está haciendo mucho.