Guayaquil: En Los Rosales 2 se camina entre piedras y solares vacíos

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Guayaquil: En Los Rosales 2 se camina entre piedras y solares vacíos

Los terrenos baldíos se han convertido en guaridas de delincuentes y causan temor a los vecinos, Es un peligro andar por las peatonales sin pavimento

Los Rosales
Los solares baldíos roban la tranquilidad de los habitantes, pues allí duermen mendigos, consumidores y delincuentes.Amelia Andrade / EXPRESO

Caminar seguro por las peatonales de la ciudadela Los Rosales 2, en el norte de Guayaquil, es cuestión de suerte para los moradores de este sector.

“Si no te asaltan los delincuentes que han convertido los solares vacíos en sus hogares, corres el riesgo de caer al tropezar con las piedras que reemplazan el pavimento de estas calles”, dice Agustín Sarmiento, quien habita desde hace 20 años en la manzana 236. Él manifiesta que la inseguridad se ha apoderado de esta zona olvidada por las autoridades.

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Las peatonales de la ciudadela están separadas por un verdor de maleza en los terrenos baldíos. “Hay más de una veintena que permanecen con monte crecido que ha llegado, en algunos casos, a enredarse en las mallas que limitan con las veredas y las paredes que colindan con las casas”, comenta Antonio Soledispa, quien habita hace más de dos décadas en la manzana 237.

Hay predios vacíos con cerramiento y el letrero de ‘Se vende’; otros sin ningún tipo de protección; y muchos con pilotes desgastados de una construcción detenida. Todos originan inseguridad y motivan la proliferación de mosquitos y roedores, lo que le preocupa a Soledispa y a las 1.200 familias que allí residen.

Los Rosales
Las tuberías de aguas servidas y las mangueras por donde se abastecen del líquido vital están a la intemperie, producto del desgaste del pavimento. Los residentes deben caminar sobre estos terrenos.Amelia Andrade / EXPRESO

“Estos sitios se han convertido en un botadero de basura, especialmente para los que vienen de la invasión (cooperativa Voluntad de Dios). Además, siempre roban en las escaleras de las peatonales”, manifiesta Fernando Solórzano, quien el jueves pasado se convirtió en otra víctima de los delincuentes, quienes se le llevaron el teléfono celular.

Los robos son constantes, a pesar de que estamos encerrados. La policía realiza sus rondas, pero son insuficientes para controlar al hampa. Queremos mayor control.

Teresa Velasteguí, residente de Los Rosales 2

El problema de los solares ‘abandonados’ tiene más de 20 años, asevera Carmen Sandoval (70), habitante de la zona desde hace 25. “Esto ha motivado el reiterado llamado de atención a los dueños de los predios. También ha sido objeto de denuncia ante el Municipio de Guayaquil; pese a eso, la problemática continúa”, lamenta la adulta mayor.

Necesitamos que arreglen las peatonales de nuestras manzanas para ya no tener que caminar sobre las piedras. Algunos vecinos han sufrido daños por las caídas que han tenido.

Antonieta Saavedra, habitante de Los Rosales 2

Frente a la situación de vivir junto a un terreno lleno de monte, Jacinto Mendoza (66) ha decidido mantener cerradas todo el tiempo las ventanas de su casa, hasta instalar mallas metálicas para evitar el ingreso de zancudos. “No queremos que se presenten enfermedades provocadas por los vectores, como ya sucedió hace dos años, cuando se presentaron casos de dengue entre los habitantes de la zona”, recuerda.

El Municipio debería intervenir los solares vacíos o multar a sus propietarios. Estos sitios incrementan la inseguridad de la zona, ya que sirven de habitaciones para los delincuentes.

Camila Pilataxi, vecina de Los Rosales 2

Pero este no es el único problema que reina en esta ciudadela. A los residentes la inseguridad los agobia, por eso han optado por cerrar las peatonales con puertas de metal para impedir el paso de desconocidos.

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A pesar de eso los delincuentes se las ingenian para sorprenderlos. “Los robos son frecuentes, no solo en la calle, sino dentro de las viviendas. La Policía debería realizar rondas constantes”, solicita Juan Pazmiño, quien agrega que mientras los uniformados realizan patrullaje en una manzana, en las otras, los pillos están cometiendo fechorías.

Víctor Moncada, quien está a cargo de la Unidad de Policía Comunitaria (UPC) de la zona, reconoce que la delincuencia no da tregua, pero recalca que su personal patrulla el sector para evitar que la inseguridad siga creciendo. “Brindamos protección a la ciudadanía y acudimos de inmediato a las llamadas de auxilio que nos hacen”, manifestó el uniformado.

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En la ciudadela no todas las peatonales están cerradas. Quienes habitan desde la manzana 5 hasta la 8, la mantienen abiertas hasta que el Municipio de Guayaquil las regenere. “Estas calles internas están desaliñadas y presentan irregularidad en el terreno. El pavimento está levantado y los peatones debemos caminar sobre las piedras, con el riesgo de caernos y producirnos graves daños”, reprocha Samuel Becerra, de 70 años, quien evita salir de su casa para no tener que transitar por esas vías.

Los Rosales
Los residentes de Los Rosales 2 han tenido que cerrar sus peatonales, debido a la inseguridad que azota a la zona.Amelia Andrade / EXPRESO

En cambio, Delia Moreno, otra residente, señala que el Cabildo se ha comprometido a intervenir esas peatonales. “Y eso nos preocupa porque los trabajos empezarían la próxima semana y no creemos que estarían terminados antes de que lleguen las lluvias, lo que sería un problema en lugar de beneficio”, remarca.

ExpectativasLos residentes de este sector esperan que en el transcurso de lo que queda de este mes, se inicie la reparación de las peatonales.

A todos estos problemas se suma el de la basura que se acumula en las veredas. “Hay vecinos que sacan los desechos fuera de los horarios de recolección y los dejan en las esquinas por muchas horas. Los perros o chamberos rompan las fundas y dejan los desperdicios esparcidos en las calles. La situación se complica durante el invierno, pues las aguas lluvias llevan los desechos hacia las alcantarilla y las tapan provocando inundaciones”, puntualiza Sergio Benítez, quien todos los años es testigo de esta situación que no quiere volver a vivirla.