Guayaquil

“Quince minutos son muy pocos para orar y agradecer”

Las iglesias aplican las normas de bioseguridad y el distanciamiento social. Los católicos acatan, aunque estiman que podrían hacerse algunos cambios

FIELES IGLESIA
Salud. Los feligreses en columna esperan para cumplir el protocolo de prevención.CORTESIA / EXPRESO

En las afueras de la iglesia de la ciudadela Los Ceibos, alrededor de diez personas forman una columna esperando ingresar, acatando la norma de distanciamiento social dispuesta ante la posibilidad de contagio del nuevo coronavirus.

Concurso-de-fotografía-primer-lugar-2020.

Coronavirus: Los guayaquileños y las mejores fotos de su confinamiento

Leer más

Van ingresando a medida que salen quienes llegaron más temprano y ya cumplieron el tiempo establecido para rezar. Dentro del recinto religioso se ubican en sitios marcados en las bancas, que aseguran un espacio considerable entre cada asistente.

Solo pueden permanecer quince minutos orando, luego de lo cual un colaborador de la iglesia les indica que deben abandonar el lugar y ceder su ubicación a quienes esperan afuera. El sitio es desinfectado antes de recibir al nuevo feligrés.

Los animo a retomar esa vida espiritual que nos caracteriza, confiando en que la Iglesia ha hecho todo lo necesario para poder vivir nuestra fe. Francisco Sojos,
sacerdote

Juan Gómez, uno de los asistentes al templo María Madre de la Iglesia en Los Ceibos, considera que quince minutos “son muy pocos para orar y agradecer a Dios” por mantenerlo a él y a su familia en buen estado de salud y con trabajo, además de rezar por quienes han perdido la vida o se encuentran enfermos o con problemas económicos. Antes de la emergencia sanitaria solía permanecer en el templo varios minutos después de terminada la sagrada eucaristía para “conversar con Dios”, comenta.

En tiempos de pandemia se abrió una iglesia en cada casa. Esa iglesia doméstica ha servido 
para valorar a Dios.
Mónica Donoso, 
habitante de Durán

Las iglesias han sido acondicionadas para cumplir los protocolos. El clero tiene la seguridad de poder brindar la misma o mayor seguridad que cualquier otro lugar. Según sus representantes, la base está en el distanciamiento, el uso obligatorio de mascarilla, la desinfección de manos y zapatos, el control de la temperatura al ingresar y la fumigación rutinaria en los templos.

IGLESIA RETOQUE
Asistencia. Las sillas están dispuestas manteniendo una distancia de dos metros. Durante la presente semana de reapertura, pocas personas han asistido a las iglesias en estos días.CORTESIA / EXPRESO

De acuerdo con Francisco Sojos, sacerdote de la iglesia de Los Ceibos y coordinador de la Comisión de Reaperturas de Templos, la afectación es profunda, como en los demás sectores donde se han reanudado las actividades.

Indica, enfático, que para un católico es necesaria una vida de gracia a través de los sacramentos, especialmente la confesión y la comunión. “Cuando lleguemos a semáforo verde, se retomarán las misas con los fieles, en un aforo reducido al 30 %. El incremento de horarios de misas y los demás sacramentos seguirán estrictos protocolos a lo largo de toda la emergencia”, explica Sojos.

Según Lorena Tamayo, asidua asistente a la iglesia San Juan, en Guayacanes, cuando llegan personas de una familia, como es el caso de ella, que acude con sus dos hijas, deberían poder sentarse juntas en la misma banca, dando así oportunidad para que puedan ingresar más personas, sin dejar de cumplir con los protocolos de seguridad.

Las parroquias viven de las limosnas; por tanto, muchas hoy enfrentan graves problemas económicos. “Da gusto que a pesar de que por lógica han bajado las ofrendas, hay personas que dan sus aportes, con los que se sostienen algunas parroquias. Creo que todos los que hemos vivido este periodo de aislamiento vamos a cambiar aunque sea un poco nuestras vidas y esperamos que el prójimo lo sienta también así”, dice Marcelo Muñoz

Él es coordinador de un grupo de oración y antes del estado de emergencia acudía con normalidad al templo Santa Teresita, en la ciudadela Entre Ríos; y al San Alberto Magno, en La Aurora. A los feligreses, el distanciamiento les parece una medida correcta, pues reconocen que aún hay riesgos.

Autorización
De las 218 parroquias de la Arquidiócesis de Guayaquil, 
115 han abierto sus puertas, incluyendo a las de Guayas y Santa Elena. 

“No solamente a nosotros, sino también a las personas que están a nuestro alrededor. Yo cuido a mi papá, que tiene 95 años. Durante este tiempo de encierro hemos escuchado las misas por la radio, esperando que todo se normalice”, cuenta Martha Santos, de 64 años y asistente a la parroquia San Agustín, que está cerca de su vivienda.

La iglesia Virgen de Guadalupe, ubicada en Francisco Segura, entre la Novena y la Décima, cuenta con un programa para encargar y rotar la responsabilidad entre los fieles devotos de cuidar la entrada de cada feligrés que llegue a la parroquia, tomándole la temperatura, desinfectando sus manos y observando el uso obligatorio de la mascarilla.

“Estoy muy agradecido de nuestra (Virgen) Morena porque nos ha resguardado del peligro a casi toda la comunidad. Hoy estamos cumpliendo la promesa que nos hicimos en este tiempo de confinamiento de dar gracias visitando la casa de Dios”, dice Juan Arámbulo, catequista de la parroquia Virgen de Guadalupe.