comercio por monigotes gigantes en Guayaquil
Los monigotes gigantes activan el movimiento comercial en las zonas del suroeste de Guayaquil donde se los exhibe.ÁLEX LIMA

Monigotes gigantes en Guayaquil: así se vive la ruta que culmina este 11 de enero

Esta tradición de arte artesanal fomenta el comercio informal y de las familias en el suroeste de la ciudad

En esta zona específica del suroeste de Guayaquil, la acumulación de gente no representa bulla, sino movimiento de dinero, tradiciones y familias

De un lado de la acera se oye la oferta de un vendedor ambulante de chuzos, estacionado en una esquina, mientras un grupo de personas lo rodea para hacer sus pedidos. “¡Venga, venga! ¡Sí hay chuzo!”, grita.

En el lado contrario, en cambio, un parlante llama la atención al ritmo de una canción del artista internacional Pitbull, y hace menear a quienes cruzan por allí para tomarse fotos con las caracterizaciones de personajes creados con inteligencia artificial (como Tun Tun Sahur y Tralalero Tralala) y ver el siguiente monigote gigante en la lista.

Es domingo, cerca de las 19:00 en la intersección de la calle 16 con Alcedo, suburbio de la ciudad, y las familias aún salen a disfrutar el último destello de las festividades y del feriado de Año Nuevo por la característica ruta de la urbe porteña, que estará abierta hasta este domingo 11 de enero.

Caminan de la mano los niños con sus padres -también se sueltan cuando se sienten seguros- al observar de cerca los muñecos coloridos de papel, mientras los comerciantes informales aprovechan la oportunidad para vender alguna ‘novelería’ u ofrecer algún servicio como alquiler de baños y vigilancia de vehículos.

“Hay que aprovechar la ocasión para hacer un dolarito que mañana, tal vez, nos pueda salvar la comida. Nunca viene mal dinero extra”, dice Vanessa Carrión, una de las vecinas de la calle Alcedo que decidió pararse al pie de su vivienda para cuidar carros de visitantes.

A pesar de que el negocio de guardianía parecía ser ‘redondo’ por la nula inversión, a Carrión le resultó lo contrario: la calle en que la mujer se ubicó cierra en horas de la noche el paso a los vehículos, para evitar más congestionamiento en la zona.

“Eso nos daña todo (...) Hay que ‘pelearse’ por las monedas que dan los choferes, porque todos quieren sus clientes; sobre todo porque está súper lleno”, refiere.

Carrión se resigna a seguir trabajando como pueda, hasta pasadas las 00:00, pues los días con movimiento están por terminar. “A pesar de que hay bastantes compradores, también hay bastantes vendedores (risas) y uno tiene que ganárselos”, insiste.

Así como ella se instala todos los días mientras dura la feria itinerante que acompaña la ruta de gigantes, también lo hace Luis Naranjo, quien en un pequeño espacio en la 16 entre Alcedo y Pedro Pablo Gómez, hace ‘maravillas’ con un pedazo de tela en la calzada y objetos con luces brillantes.

El hombre, que también reside en el suroeste de la urbe, asegura que las atracciones reconocidas por los ciudadanos, la ruta de monigotes, les dan una ventaja para hacer dinero.

“Esta semana he logrado hacer entre 80 y 90 dólares diarios, dinero que a veces uno no espera vender. La semana anterior (el último fin de semana de 2025), en cambio, las ganancias fueron más elevadas porque la gente aprovechó el feriado para salir aún más”, explica.

Para el comerciante, los resultados dependen de qué tan antojados estén los niños en ese día. Muchos de los pequeños hacen la ‘guerra’ a sus padres hasta que les compren lo que han visto en los puestos y se terminan beneficiando quienes los venden.

“Uno sale ganando con los ‘pelados’”, comenta sonriente mientras atiende a uno de ellos, quien intenta negociar el precio de una espada de juguete con luces LED.

Los monigotes gigantes están exhibidos en varios puntos cercanos del sur de Guayaquil

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Las ventas de Caroline Guerra, a diferencia de las de Gómez y Carrión, tienen una ‘red de apoyo’: su tía y su prima también tienen puestos ambulantes en la calle 16, lo que les permite ayudarse cuando lo necesitan. En el caso de Guerra, cuida a la hija de su prima cuando ella está ocupada.

“Mi prima vende helados; mi tía tiene ropita de perros, juguetes y cositas para niños; y yo, un puesto de pintura para niños. El éxito es que entre todas nos ayudamos: yo le tengo a la bebé cuando llegan muchos clientes, porque mi hija es un poquito más grande y ya se puede quedar en casa. Nosotras somos mujeres emprendedoras que tenemos que salir ‘adelante’ por nosotras y nuestras familias”, refiere Guerra con orgullo.

La bebé de apenas unos meses no llora, sino que hasta se sorprende de los colores, sonidos y luces que abundan allí. Esto, a decir de la joven negociante, favorece para el desarrollo de su trabajo.

Su prima, la mamá de la infante, se atarea por la afluencia de clientes pero también se queja del ‘arranchón’ al que debe someterse durante los últimos días, pues muchos de los informales que se ubicaban en la calle 6 de Marzo se mueven hasta el suburbio porteño para maximizar sus ventas.

Aunque el negocio de Karen Villón, madre de familia de 31 años, es parecido al de Guerra, ella guarda la esperanza de que “el sol salga para todos” y sus dibujos a pintar también sean escogidos por los niños. La fiesta está por terminar y, sin duda, para los comerciantes será una fecha ‘cuantiosa’ para recordar.

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