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Guayaquil

Internos del Instituto de Neurociencias hacen y venden monigotes

Personas con problemas de salud mental realizan ‘años viejos’.  La meta es que con esta actividad puedan reinsertarse laboralmente a la sociedad.

monigotes
Usuarios del Instituto de Neurociencias, de la Junta de Beneficencia,construyen monigotes para la venta.Christian Vinueza

Cada cuadrado de papel que recorta Gustavo (nombre protegido) tiene exactamente la misma medida. Coge uno, lo unta con almidón y lo pega sobre el molde para hacer un ‘año viejo’.

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Lo hace con tanta precisión y cuidado, que quien lo mira trabajar podría pensar que es un artesano experto y no un usuario asilado en el Instituto de Neurociencias. Ingresó hace nueve meses, por retraso cerebral y problemas con su salud mental.

Gustavo es uno de los más de 12 pacientes que durante este año elaboraron 60 monigotes para quemarlos el 31 de diciembre. Susana Ordóñez, jefa de residencia del instituto, lo mira trabajar, encantada. Es el que más empeño y dedicación le ha puesto a la actividad y ahora, hasta guía y enseña a sus compañeros.

La elaboración de ‘años viejos’ empezó hace tres años en el instituto, pero como una actividad aislada y, máximo, terminaban tres monigotes. Poco a poco, el interés de los usuarios aumentó y ahora tienen un taller en el que realizan jornadas diarias.

Todos los pacientes que están en residencias están dados de alta, pero no se van a sus casas por diferentes factores sociales. Ya podrían realizar una rehabilitación ambulatoria.

Susana Ordóñez
​jefa de Residencia del Instituto de Neurociencias

Susana cuenta que el objetivo para los siguientes meses, es que los talleres se formalicen a tal punto de que puedan aprender el oficio, como una forma de reinsertarse laboralmente en la sociedad.

Los usuarios, que padecen de diferentes afecciones mentales, como la esquizofrenia, pertenecen al área de residencia del Instituto, es decir, ya han sido dados de alta.

“Ellos son personas que han pasado el proceso de recuperación, pero que continúan internados porque sus familiares aún temen llevarlos a sus casas. A otros, los han abandonado. Este año, los ‘años viejos’ se vendieron solo de manera interna, pero muchas personas ya están interesadas y nos encargan más”, comenta Susana.

Fue así como tras notar el interés de los internos, adquirieron más moldes, explicó Stalin Moreno, auxiliar de enfermería que está frente al taller. La elaboración de los muñecos empezó en junio. Poco a poco las diferentes figuras fueron tomando forma. Ellos los arman desde cero: colocan el papel sobre los moldes, esperan a que se endurezcan, los arman y los pintan.

Moreno destaca que, además del beneficio económico que pueden tener con la venta de los monigotes, tener una responsabilidad y una actividad a ejecutar les ayuda en su recuperación.

monigotes instituto de neurociencias
Los usuarios, familiares y trabajadores del instituto adquirieron los monigotes. Agencia (ag-extra)Christian Vinueza

Este año, los fondos recaudados con la venta de los ‘viejos’ será invertida en una cena y un paseo para ellos.

Mauricio (nombre protegido) recoge cada pedacito de papel que cae al piso en la habitación que han destinado para hacer los muñecos. Él se dedica a dejar limpia el área. Antes, cuenta Susana, él era acumulador y ahora, en lugar de recoger basura para guardarla, lo hace para mantener cuidado el lugar que está repleto de pintura, almidón y papel.

Aunque son 60 los usuarios que esporádicamente participan de las manualidades, son 12 los que acuden sin falta, desde la mañana hasta la tarde para terminar los últimos monigotes que les quedan por entregar.

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Gustavo sabe que se acerca la Nochevieja, pero aún así trabaja cada detalle sin prisa y con precisión. Sus familiares aún tienen dudas sobre su salida del instituto, aunque él ya está listo para recibir tratamiento ambulatorio.

Mientras tanto, continuará trabajando en los monigotes que le faltan. Sin despegar la mirada de las tiras de papel periódico, dice que aún le quedan cinco, que pronto entregará a quienes confiaron en su trabajo.

También los venden sin pintar

Una idea que nació este año dentro del instituto fue la venta de los monigotes sin pintar, solo con base blanca.

Esto, porque hubo familias que quisieron obsequiarlos para que otras personas con problemas mentales, o niños, se entretengan pintando.

“También es una forma de impulsar la unión familiar. Nos han contado que toda la familia se ha reunido a pintar su propio ‘año viejo’, por eso los adquirían de esa manera”, contó Susana Ordóñez.