Guayaquil

Las fortalezas patrimoniales de Guayaquil

Una mirada a los castillos que tiene la urbe: el Espronceda y Ala Vedra. Forman parte de la identidad y poseen cualidades distintas

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Espacio. El castillo de Espronceda se levanta en el barrio del Astillero.Miguel Canales 

La riqueza arquitectónica de Guayaquil no solo contempla a majestuosos templos, monumentos, barrios tradicionales o viviendas. Al listado también se suma un par de castillos que llevan años en sitios donde el alto flujo vehicular o el comercio son los protagonistas, pero ahí están ellos que, debido a su arquitectura, siguen acaparando las miradas de propios y extraños.

Guayaquil es ampliamente conocida por ser el Puerto Principal del país y precisamente los astilleros contribuyeron a ese desarrollo. Un barrio tiene ese nombre y en una de sus intersecciones, Venezuela y Eloy Alfaro, está una de estas fortalezas: el castillo de Espronceda.

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Imponente, con escudos en su fachada, este palacio, cuya construcción data de los años 30 y que actualmente no está habitado, le pertenece al Municipio de Guayaquil. Tiene guardianía privada y saltó hace pocas semanas a titulares de la prensa, debido a que probablemente sea el lugar que albergue al Archivo Histórico del Guayas en caso del eventual embargo.

Fuera de la edificación se estampa una placa que reza que aterrizó la regeneración urbana y al alzar la vista entre las ventanas se observan algunas repisas con algunas carpetas.

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Escenario. El castillo de Ala Vedra está ubicado en el centro, tiene diferentes locales comerciales y en su entorno hay movimiento vehicular y comercial.
Miguel Canales 

En las inmediaciones del Espronceda hay un regular flujo vehicular, contrario al entorno donde se levanta el otro castillo llamativo de la ciudad: el de Ala Vedra. El palacio sí está rodeado de un alto movimiento de tráfico, ya sea de buses urbanos, de los articulados de la Metrovía, taxis o de autos particulares y, como está en Colón y Noguchi, pleno centro de la ciudad, la actividad comercial también es muy agitada.

Melvin Hoyos, coordinador institucional del Cabildo, explica a EXPRESO que ambos son considerados castillos, debido a que tienen almenas. Se trata de prismas en los muros que las antiguas fortalezas utilizaban, según él, para que los lanceros y arqueros se puedan cubrir y evitar que se aborde o logre ingresar el enemigo a un castillo.

En otras palabras, son defensas en la cubierta y el más parecido a este tipo de arquitectura es el Ala Vedra. “El doctor José de Ala Vedra genera una reproducción exacta de un castillo gótico”, narra el también historiador y que ha estado en las últimas administraciones.

Cuenta que su construcción se dio entre las décadas de los 40 y 50 y su dueño separó su apellido (Ala-Vedra). “Los descendientes lo vendieron (el castillo) y se convirtió en un centro comercial”, agrega.

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Ahora bien, el Espronceda parece castillo, debido a que su dueño también le puso almenas y, por el tema heráldico, colocó el escudo de la familia en alto relieve en una de las esquinas. Este fue construido por el arquitecto Juan Orús Madinyá. Los propietarios fueron los creadores de una gaseosa y en la parte trasera funcionaba la fábrica.

“Tener castillos en Guayaquil es una excentricidad extrema a quien le gusta de este tipo de tema. Los castillos son edificaciones medievales hechas para las defensas europeas que surgieron en la edad media hace 800, 900 años”, puntualiza Hoyos.

El historiador Ezio Garay también evoca que estas fortalezas se erigieron en la urbe, debido a que ambos dueños, en su debido momento, viajaron al exterior y vinieron con lo que “habían visto fuera de la ciudad”.

“En el caso de Ala Vedra, el doctor venía de antiguas familias guayaquileñas y había hecho su genealogía, él conocía a sus ancestros y quiso hacer su casa en lo que se conocía como 5 esquinas, con las torres para vivir en un castillo”, relata.

Acota, además, que en cada una de las torres colocó apellidos y el día de su inauguración lo hizo con una fiesta muy sonada en aquella época, los 60. La fecha coincidió con su ingreso a la orden del Santo Sepulcro que, de acuerdo con el también genealogista, consistía en la ayuda económica para la conservación de lugares santos.

Para Garay, los edificios llaman la atención dentro de la arquitectura moderna de la ciudad y sostiene que deberían conservarse para que Guayaquil no pierda su identidad. “Ya se han perdido muchos edificios que eran patrimonio; como eran construidos en madera, peligro de incendios o vetustez, no fueron restaurados y se perdieron”, argumenta.

  • Su valor en la memoria histórica de Guayaquil 

Para el arquitecto Florencio Compte, el valor patrimonial que tienen ambas estructuras no está dado por su valía arquitectónica sino que, sostiene, está dado por formar parte de la memoria histórica de la ciudad. “La gente los identifica perfectamente, tiene claro cuáles son y aunque no conozcan al detalle su origen o historia, son parte de la memoria local”, agrega.

Compte conoció a la esposa de Martínez Espronceda, la última moradora del castillo homónimo, y recuerda que La Frutal era el nombre original de la fortaleza. “Ella guardaba muebles originales, un piano y fotografías de recepciones hechas ahí”, narra el arquitecto.